Violencia contra la mujer; una realidad que debe terminar

”Sufrir  violencia psicológica por mi pareja me confundió, me hizo sentir con mucho miedo, vulnerable y con una terrible sensación de que no era nadie, que no valía. No lograba comprender lo que sucedía hasta que la situación se salió totalmente  de control…”

La violencia contra las mujeres puede darse en amplios aspectos incluyendo la violencia física, sexual, psicológica y económica, las que se interrelacionan y afectan a las mujeres durante todo el ciclo de vida extendiendo  su gravedad hasta  el acoso sexual,  trata de seres humanos y explotación sexual forzada.

Según cifras actuales de la Organización de las Naciones Unidas,  la violencia contra las mujeres constituye una pandemia, extendiéndose por todo el mundo y afectando aproximadamente al  70 % de la población femenina. Se considera un problema de salud pública a nivel mundial ya que agota los presupuestos de salud y justicia,  pauperizando a los gobiernos y a la población. En Chile una de cada tres mujeres sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida sin  diferencia de  ámbitos públicos y privados,  clase económica,  social ni  cultural.

La violencia amenaza a las mujeres de  diferentes formas, siendo la más común la agresión física, habitualmente infringida por una pareja íntima actual o anterior. En ello se incluye golpes de todo tipo o abusos sexuales. La violencia psicológica que pasa muchas veces desapercibida consiste en   someter  a la  mujer mediante amenazas, humillaciones y presión emocional creando inseguridad,  dejándola sin control sobre su vida y decisiones. Estos tipos de conductas agresivas desde las parejas se realizan de manera gradual,  creando confusión en la mujer que las vive, incluso llegando considerar la violencia como algo normal dentro de la relación de pareja.

La presentación de la violencia contra las mujeres se manifiesta a través del  “Ciclo de la Violencia”, en el cual se presentan cuatro hitos importantes:  Acumulación de tensiones dentro de la relación;  explosión de la agresión, que secunda en el ataque propiamente tal, distanciamiento y marginación de la mujer, en la que aparecen ambivalencia de sentimientos por parte de esta,  consecutivamente la siguiente etapa  en la que existe   pseudo reconciliación llamada “Luna de miel “en la cual  la mujer se convence que el agresor puede cambiar, se comprometen ilusiones y esperanzas, pero luego esta fase se pierde y  se renueva el nefasto período. Es importante mencionar que cada vez los ciclos de violencia se acortan, lo que aumenta el número de episodios agresivos físicos y psicológicos que van mermando la autoestima y comienza la aparición de las consecuencias a largo plazo. Estas consecuencias se presentan en una gama de distintos aspectos que afectan la salud de la mujer como  daños físicos, discapacidad, drogodependencia, embarazo no deseado y aborto no seguro, riesgo o presencia de Virus de Inmunodeficiencia Humana y otras infecciones de trasmisión sexual, como así también la aparición de conductas que revelan alteraciones psicológicas, conductas suicidas, trastornos en el desempeño laboral, abandono de labores familiares y cuidado de los hijos. Como consecuencia final,  la mujer se distancia absolutamente de las redes de apoyo familiares y sociales.

Hoy, las políticas de salud pública, están preocupadas de disminuir la morbimortalidad presente alrededor del fenómeno de violencia contra la mujer, por lo mismo es importante trabajar en la prevención de la presentación y control de este mal, cuya más grave manifestación es el femicidio. Por ello, los lineamientos de la educación se deben centrar en la instrucción de la población de riesgo en relación a la identificación de las manifestaciones de violencia, y el profesional de salud además,  debe ser capaz de pesquisar estas conductas y realizar la derivación correspondiente, acogiendo a la víctima y brindando apoyo durante el proceso.

Los seres humanos somos seres fuertes y resilientes, especialemente las mujeres, las que deben ser educadas en forma integral, la que debe incluir aspectos protectores contra el fenómeno de la violencia de cualquier tipo. Además la educación debe ampliarse a hombres, padres, niños y adolescentes, específicamente en la identificación de sus formas de presentación, entregando herramientas de comunicación y apoyo de las instituciones de salud,  educación secundaria y superior.  Promover este tema es tarea de todos,  especificamente dentro de las familias y comunidades, lo que permitiría a largo plazo disminuir este problema de salud pública.

Por Enfermera Rossana Navarro Torres (@rossana12) y Enfermera Matrona Claudia Villalobos Morales (@cvillalm), Académicas de la Escuela de Enfermería, Universidad de Santiago de Chile.