Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, quiero soñar

En la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental deseo soñar, imaginarme lo imposible, cerrar los ojos y sonreír pensando “¿algún día será así?”.

En un día como hoy podríamos clamar por más recursos materiales para el abordaje de las patologías mentales. Más unidades de corta estadía para el paciente descompensado agudo, más hogares protegidos insertos en la comunidad para aquellos pacientes crónicos que no pueden volver a sus casas, más personal paramédico capacitado para tratar con este tipo de usuarios, más medios para salud mental en atención primaria, mucho más y mejor de tantas cosas que sabemos están falentes.

Pero eso es lo obvio. Yo quiero soñar, imaginarme lo imposible, cerrar los ojos y sonreír pensando “¿algún día será así?”. Quiero soñar que nos preocuparemos de la prevención en salud mental por sobre la curación -o mejor dicho, compensación-.

Que al nacer, todo bebé tenga un cuidador responsable que entregue cariño ante el llanto, abrigo frente al frío, alimento cuando haya hambre, seguridad en lugar de amenazas. Cuando los padres no puedan ser aquella fuente de luz, cualquier otra persona que irradie ese amor básico que basta para saciar a un bebé puede tomar el lugar. ¿Salas cunas en todo Chile y en cada barrio? Te lo advertí, yo quiero soñar…

Quiero ilusionarme con una sociedad que prevenga a toda costa el trauma infantil. Imagínate lo que sea: bullying, maltrato físico o psicológico, violencia entre los padres, delincuencia en el hogar, ambiente de drogas, separación de los padres… Pero yo, cuando cierro los ojos, sólo me imagino la erradicación del peor de los traumas: el abuso sexual. Y nada tiene que ver el clero acá, porque el abusador suele estar dentro de la familia, rara vez fuera. Algún día quiero sonreír al ver cómo el adulto protege al niño como su joya más preciada, sin excepciones. Insisto, estamos acá para soñar.

Quiero fantasear que nuestros niños tienen modelos integrales para seguir. Que no sea necesario leer sobre la empatía para conocerla, sino haberla vivido cada día desde la cuna hasta la adultez. Que sus maestros les enseñen las emociones, pero no dictándolas, sino mostrándolas y demostrando que son inocuas cuando realmente se reconocen. Que sus ídolos son tales finalmente por su capacidad de ver en el comportamiento lo que ocurre en la mente de otros, ese precioso don de mentalización tan codiciado hoy en día.

Hoy 10 de Octubre, yo quiero soñar, imaginarme lo imposible, cerrar los ojos y sonreír pensando “¿algún día será así?”. Mientras tanto, a seguir trabajando por una mejor salud mental para todos.

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