Mes del Corazón: Prevenir es la clave.

Cada mes de agosto se conmemora en el mundo entero el “Mes del Corazón”, periodo en la cual se realizan distintas actividades
institucionales y se refuerzan las principales problemáticas y desafíos en torno a la salud cardiovascular, con especial énfasis en la concientización como principal propulsor de cambio ante las enfermedades cardiovasculares.

Al igual que en los países desarrollados, en Chile, la principal causa de muerte la constituyen las enfermedades cardiovasculares. Según cifras del Ministerio de Salud,  estas enfermedades representan un 30% de las defunciones, siendo la primera causa de muerte en el país en los hombres mayores de 35 años y mujeres mayores de 50 años.

Factores de riesgo:

Dentro de los principales factores de riesgo cardiovascular -más allá de aquellos que guardan relación con nuestra edad, sexo, antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares, entre otros- es importante destacar todos aquellos que son modificables y que, por tanto, está en nosotros atender y resguardar. Estos son los siguientes:
Enfermedades crónicas: Específicamente, la Diabetes Mellitus (DM) y la Hipertensión Arterial (HTA) pueden ser desencadenantes directos de enfermedades cardiovasculares si no se controlan adecuadamente con tratamiento y las indicaciones prescritas y recomendadas por el Profesional de Salud.

• Obesidad: La obesidad es un factor importantísimo en el desarrollo y
curso de las enfermedades cardiovasculares y que afecta la función
social, física y la calidad de vida de las personas que la padecen.

Sedentarismo: El 89,2 % de los chilenos es sedentario (INE-MINSAL 2006), una alarmante cifra que es independiente del sexo (87,9% de los hombres y 90, 8% de las mujeres), de la edad y del nivel socioeconómico de las personas.

• Niveles de Colesterol Elevados: Específicamente el colesterol total elevado (>200 mg/dl) y el  L.D.L. o colesterol “malo”, propician con el tiempo el desarrollo de placas de ateroma y la consecuente disminución del flujo sanguíneo y potencial daño en las arterias coronarias y/o en otras zonas del cuerpo.

 • Estrés: Diversos factores estresantes provenientes de nuestros trabajos, nuestra vida personal o familiar pueden, por una parte, exacerbar adicciones,  la tendencia al sedentarismo y, eventualmente, desarrollar sobrepeso y obesidad. Cuando el estrés continúa, se pueden producir ciertamente efectos adversos sobre el corazón, todos los cuales son potencialmente modificables.

Tabaquismo: El consumo de tabaco representa un importante problema de salud pública y está causalmente asociado  entre otras; a enfermedades cardiovasculares, respiratorias, materno infantiles y cáncer. Por esto, entre las metas propuestas por el Sector Salud hacia el año 2020 está la disminución de los índices de prevalencia de consumo de tabaco en la población del país de 41.2% a 35.6%.

Prevenir es la clave:

Para evitar la aparición de enfermedades cardiovasculares (Infarto agudo al miocardio, accidentes cerebrovasculares, principalmente), es necesario que cada uno de nosotros tome conciencia del riesgo cardiovascular en que nos encontramos.

Para ello, y como primer paso, es importante saber si, en este momento, tenemos integrado alguno de los factores de riesgo cardiovascular anteriormente señalados, y tomar acciones al respecto.

La realización de un examen de salud preventivo en el adulto aparentemente sano (EMPA o chequeo cardiovascular ) es, en este sentido, altamente recomendable para la detección de los factores de riesgo y determinar conductas a seguir y tomar a tiempo. Por otro lado, para las personas diabéticas, hipertensas o con otra patología crónica es fundamental la adherencia a sus controles rutinarios de saludpara la prevención de distintas enfermedades.

Como gran tarea en cada uno de nosotros, mejorar nuestro estilo de vida y orientarlo hacia una condición saludable es clave. Por lo tanto, sin ánimo de ser talibán al respecto y asumiendo que todos llevamos vidas agitadas y con tiempo limitado (especialmente en el área salud) es muy importante prestar atención a los siguientes aspectos a trabajar:

a) Actividad física:  El hacer ejercicio debe ir de la mano con nuestro estado de salud, nuestras características físicas y aficiones. Es muy sabido que si la actividad física no nos resulta placentera, rápidamente se abandona. Por ello, puede ser más efectivo modificar costumbres tales como el caminar más, preferir las escaleras al subir en vez de tomar el ascensor y realizar compras sin utilizar el auto, entre otras simples actividades.

b) Alimentación: Dentro de nuestro régimen habitual no es la idea realizar cambios drásticos, sino algunos efectivos pero más permanentes en el tiempo. Programarnos para ir reduciendo las grasas saturadas, aumentar el consumo de legumbres, verduras y frutas y disminuir el consumo de sal, té y café especialmente si se tiene hipertensión arterial son grandes pasos a tomar.

c) Reducción del consumo de tabaco: Gradualmente y con asesoría de un profesional en salud si es necesario, la idea es revertir el hábito permutándolo por otro más saludable, paso a paso y manteniendo la motivación en el proceso. Heroica tarea especialmente para los asiduos consumidores, pero con tremendas recompensas de vuelta.

d) Manejo del estrés: Dejar tiempo libre para esparcimiento y para descansar las horas necesarias, aprender a trabajar las emociones, ser más positivo y con sentido de humor para afrontar los problemas diarios son, igualmente, hábitos a pulir e integrar en nuestro cotidiano. Mente y cuerpo son una unidad, por lo tanto, a mejor actitud saludable, nuestro cuerpo también será más saludable.

Todos estos pasos constituyen una forma de vida que cobra especial importancia en este mes que se nos va y se resume en dos palabras: Elige prevenir. Prestar atención e ir realizando esfuerzos por nuestra salud y, específicamente, nuestro corazón, es, día a día nuestra gran responsabilidad.