El acceso a la Información Médica está enfermo: Parte 2

Segunda parte de la serie “El Acceso a la Información Medica esta Enfermo” por Cesar Kalazich .

En Chile, al igual que en Gran Bretaña la medicina del servicio público funciona guiada por el Ministerio de Salud(MINSAL; NHS británico)y sus guías clínicas, las cuales deben ser cumplidas o en caso de algún error por no cumplirlas(queriendo hacer algo un poco más novedoso)caerán las penas del infierno. Al menos así es con las patologías más comunes. Con aquellas más raras, para las cuales no existen guías clínicas, el diagnóstico/tratamiento se basa en el entrenamiento médico previo o la experiencia o la suerte que un colega que trabaja cerca lo sepa o la derivación a un especialista, quien probablemente lo sepa pero que toma muchísimo tiempo. Actualmente buena parte de los centros de salud disponen de computadores e Internet.

En algún momento se desarrollaron algunas iniciativas para acercarnos a actualizaciones a través de buscadores médicos pero han sido de corta duración o fracasaron(probablemente la culpa sea compartida entre los mismos médicos y autoridades). Los laboratorios médicos son una buena fuente de actualización, pues ellos tienen acceso pagado a las revistas y lo ofrecen a los médicos a quienes visitan; pero eso puede tener interpretaciones diversas y eventualmente pudiera comprometa la objetividad clínica.

La medicina europea está fuertemente ligada a la investigación, y tantos los médicos especialistas como los de centros de salud de práctica general (GPs en Gran Bretaña) participan de una u otra manera, con sus pacientes, en investigaciones. Estas se financian en su mayoría con fondos públicos pero se publican en revistas científicas donde se debe pagar para estar ahí y luego también la universidad o institución debe estar suscrita para tener acceso a ella. También está el caso de aquella investigación hecha con fondos privados, generalmente de laboratorios, que publican trabajos que prueban la eficacia de sus medicamentos, no siempre con los mejores métodos ni resultados, pero que en el pasado han influenciado notablemente la práctica clínica, que luego han probado no ser todo aquello lo que las investigaciones decían.

Contrastando con Latinoamérica, existen iniciativas mencionadas como Scielo y LILACS que tienen investigación relevante publicada en países latinoamericanos pero que, salvo las revisiones sistemáticas, no toman en cuenta la literatura científica norteamericana(EEUU y Canadá)ni Europea. Y los fondos para hacer investigación en Sudamérica son notablemente inferiores a las regiones mencionadas. En contraste, la literatura norteamericana y europea no toma en cuenta las investigaciones que no sean publicadas en inglés. En Chile existe un decepcionante nivel de investigación médica, especialmente en la Atención Primaria, que atiende el 90% de los pacientes del sector público. Esto puede ser debido al excesivo trabajo de los médicos y falta de tiempo para llevar a cabo estas investigaciones, a la pobre formación en investigación de la medicina chilena, al escaso o nulo interés de las universidades u hospitales clínicos-universitarios por llevar a cabo investigación en Atención Primaria y los ínfimos recursos destinados para ellos, que ni los laboratorios ni el Estado proveen.

Los costos para las universidades e instituciones públicas para suscribirse a revistas científicas “de calidad” son altísimos y por lo tanto el acceso a la información actualizada queda, como con tantas cosas de la vida, circunscrito a aquellos que tienen más dinero.

La costumbre médica en Chile es enterarse de las novedades clínicas en Congresos o Conferencias médicas(cuyos costos en su mayoría son cubiertos por los mismos médicos)pero difícilmente a través del acceso online a revistas, salvo para preparar reuniones clínicas que son realidades lejanas para la mayoría de los centros de salud públicos. Muy cierto es que muchas de las búsquedas se hacen a través de Google, y no necesariamente académico. Y de la información más nueva sólo podemos conocer los abstracts, que en la práctica clínica es de poca ayuda. Mucha voluntad política falta para darles la oportunidad y el tiempo a nuestros médicos de seguir mejorando, a través de educación continua diaria, para seguir aprendiendo para la población que los necesita.

El acceso libre online para la comunidad no médica-científica es un arma de doble filo, pues dificultades suficientes tenemos con los auto-diagnósticos y tratamientos. Aunque aún peor es toda aquella información disponible en Internet que no es verídica pero aclamada como tal por pseudos-médicos u otras disciplinas que carecen del rigor científico, pero muy influyentes con los cuales debemos lidiar constantemente. Lógicamente uno supone que una mejor educación permite a los pacientes estar mejor informados, pero no si son mal informados.

El caso de las revistas científicas lucrando con fondos públicos es una muestra más que la educación y la salud son dos grandes negocios y se contamina la pureza del saber y la aplicación de lo aprendido en pos de la salud de quienes más lo requieren.

Cesar Kalazich, Médico Cirujano UACh, estudiante de MSc Medicina Deportiva y del Ejercicio U. de Nottingham, GB.