La guerra de los mundos.

Están ahí, no los vemos; pero sabemos que están… hablamos de los microorganismos patógenos.

Desde los tiempos del paladín de la ciencia Anton van Leeuwenhoek (que además de científico era comerciante) nos sirvió de agente encubierto a la especie humana en su Headquarter en la Royal Society de Londres nos proporcionó de una herramienta que cambiaría el curso de esta guerra para siempre: El microscopio. Se le considera de alguna manera el padre de la microbiología.

Años más tarde daríamos otro salto cualitativo en este arte bélico, Heinrich Hermann Robert Koch a.k.a el “cocinero” (Koch = “cocinero” en alemán) dio paso a otro enorme descubrimiento postulando así las leyes de lo que posteriormente se conocerá como bacteriología.

Sin embargo ha sido una dura batalla, con muchas bajas, y pérdidas; como por ejemplo un tercio de los habitantes de la tierra por la peste negra. Pero a pesar de ello y desde los albores de la humanidad ha existido un único sistema defensor, que con el tiempo se ha ido especializando más y más. Cuenta con un sistema de mensajería más poderoso que el del FBI, una compleja red de información e inteligencia superiores a la KGB. Nos referimos por supuesto: al sistema inmune. 

El sistema inmune es un grupo de estructuras biológicas, moléculas, tejidos, células y demás; bastante complejo encargado de la protección de organismo frente a agresiones biológicas externas o incluso internas, como las células tumorales. Su integración llega a ser casi perfecta de tal manera que es posible “comunicar” la localización de un daño en la piel y “llamar” a otras células de defensa para que sirvan de contención y eliminación del agente hostil.

ESTRUCTURA DEL SISTEMA INMUNE.

Existen varias líneas de defensa, lo que es similar a decir que hay diferentes agentes especializados; los centinelas, barricadas, artilleros, patrullaje, etc. Pero en biología celular es mucho más complejo que el concepto de ejército, y va tan lejos que se han dividido en dos brazos defensivos:

Tanto el sistema inmunitario innato y el adaptativo dependen mucho de reconocer todo aquello externo como “malo” y saber cuáles son nuestras propias moléculas, de esta forma no atacar a nuestro propio cuerpo como ocurre en muchas enfermedades autoinmunes (sarcoidosis, enfermedad de Kawasaki, enfermedad de Guillian-Barré, etc.)

Estudiar cada uno de sus componentes nos llevaría demasiado tiempo, se han escrito libros enteros, por lo que iremos detallando a los principales protagonistas.

Barreras biológicas: 


El ejemplo por excelencia de barrera biológica es la piel, sin embargo existen otros ejemplos que se repiten en los seres vivos. El exoesqueleto de los insectos, el epitelio de los pulmones y mucosas, la cáscara del huevo, etc. Pero cualquier ser viviente no puede vivir aislado de su medio externo. Ante cualquier ruptura de la piel se activan un sinnúmero de reacciones de tipo celular y humoral (moléculas y anticuerpos) que servirán para controlar la infección, a este proceso se le conoce como: inflamación. Además de estas barreras físicas también nuestro organismo tiene un escudo protector “invisible” las barreras químicas compuestas por sustancias como la lisozima, fosfolipaza A, entre otras; funcionan como verdaderas “armas biológicas” hasta el momento más letales que cualquier otra inventada por el hombre.

Fiebre.

Todos la hemos sufrido, la conocemos bien  y es uno de los síntomas inequívocos de una infección llevándose a cabo, pero ¿qué significa realmente la fiebre?. Nuestro cuerpo mantiene una asombrosa homeostasis (equilibrio interno) al mantener la temperatura corporal en unos emblemáticos 37 grados centígrados. Cuando esta temperatura aumenta por encima de 37.7° C, funciona en realidad como un mecanismo de defensa, creando un ambiente hostil para aquellos parásitos, bacterias o virus que no pueden mantenerse con vida a temperaturas elevadas; funciona además como un “potenciador” de las reacciones inmunológicas, aumentando su velocidad de reacción y poder letal. Siendo un mecanismo de defensa existe controversia sobre si ésta debe ser tratada o no. Lo cierto es que un desorden en el regulador de la temperatura puede desencadenar una reacción severa si no se trata a tiempo.

Células blancas.

Los leucocitos (células blancas) actúan como organismos unicelulares independientes, que juntos son un auténtico ejército con tareas bien definidas y especializadas. Son la mano derecha del sistema inmune, de estos al igual que en la infantería hay de diversos tipos: mastocitos, neutrófilos, eosinófilos, células dendríticas, etc. Algunos de ellos funcionan como verdaderos kamikazes y otras de forma más sutil atacan al agresor por un mecanismo conocido como fagocitosis.

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Esta modesta entrada pretende servir como una pequeña introducción a un sistema tan especializado y cuasi perfecto de integración molecular, bioquímica y subcelular. Su estudio es muchísimo más extenso, pero las similitudes con un los mecanismos de defensa creados por el hombre son muy destacables, sin embargo esto se ha ido perfeccionando desde los inicios de la humanidad.