Una mirada a la docencia en Educación Superior

Desde el momento en que un profesional (en este caso específico) del área sanitaria decide separar sus pasos del camino clínico y pasar a ser un agente formador, debe tener claro que además del conocimiento, y la experiencia adquirida; es necesario armarse de herramientas útiles para la transmisión de dicho conocimiento. Esto es relevante a la hora de estar dentro de un aula, en donde se conjugan conceptos como currículo (diseño curricular), planificación, modelo pedagógico, etc. Definiciones que, cuando uno está inmerso en la clínica pura, y no ha tenido un acercamiento previo a lo pedagógico, son palabras que resultan tan poco amigables como la “mayéutica socrática”, pero volviendo a la idea; si se ha decidido emprender en la difícil tarea como es la formar pares; necesariamente deben incorporarse para lograr con éxito el objetivo que se ha planteado, en otras palabras; planificar, para obtener buenos resultados en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Bajo esta mirada además aparece otro concepto clave y relativamente nuevo; el cual es la formación basada en competencias, cuya aparición se remonta a inicios del siglo XX , en los Estados Unidos , en trabajo con niños y luego la Universidad de Cincinnati- Ohio quienes realizan experiencias en cursos del área de ingeniería con el objetivo de acercar a los estudiantes a las prácticas, mediante convenios con empresas en las cuales se establecían criterios de desempeño en la aplicación de determinados conocimientos.

Lo que conocemos hoy en día como el aprender haciendo e incorporamos de manera transversal en las distintas carreras a través de las prácticas clínicas, prácticas laborales, internados, etc., con la finalidad de desarrollar en sala destrezas que serán necesarias en el alumno al momento de su inserción en el mundo laboral, es decir, comenzamos en el aula (salas de simulación, ambientes de aprendizaje protegidos) y continuamos luego en los campos clínicos un proceso de transición; pero para que esta transición sea armoniosa se requiere de un proceso formativo que dé cuenta de ello y que permita a las personas adaptarse adecuadamente a esta nueva realidad. Esto demanda de una formación que desarrolle nuevas destrezas y habilidades, que capacite para gestionar trayectorias laborales; y que entregue competencias que permitan al alumno iniciar nuevos desafíos en su inserción laboral.

A nivel de la academia, para el docente implica saber gestionar la docencia en el ámbito de la planificación, las metodología y principalmente a nivel de los procesos evaluativos. Diferentes momentos en el proceso de aprendizaje apelan a diferentes modalidades de planificación, es así como “La planificación implica un proceso, que necesariamente, tiene que ver con el desarrollo de una docencia de calidad”.

La tarea de planificar, bien definida por Karl Stocker: “consiste en la anticipación mental y provisional del enfrentamiento entre el estudiante y el tema, en la cabeza y el corazón del maestro, antes que se produzca el encuentro real en la clase”

En una instancia de planificación el docente realiza un proceso reflexivo con el objeto de despejar algunas de las interrogantes básicas que guían la transferencia de información, entre esas preguntas podemos encontrar:

  • ¿Cuáles serán las capacidades y limitaciones de mis estudiantes, qué conocimientos previos aportaran a la clase, cuáles son sus intereses y necesidades?
  • ¿Qué documentos de apoyo voy a utilizar, cómo voy a seleccionar determinados conceptos versus otros, con qué criterio voy a seleccionar o voy a tratar de enseñarlo todo?
  • ¿Cómo voy a tratar el tema en la clase? ¿Cuál va a ser la estrategia que voy a utilizar para acercar el tema a mis estudiantes? ¿Qué elementos anexos voy a necesitar para dar el tema? ¿Cómo voy a evaluar a mis estudiantes y cómo voy a evaluarme?

 

Mirado desde esta perspectiva, Frigerio señala que “en cualquiera de las instancias o niveles que se ejerza, la planificación es un estilo de gobierno que garantiza decisiones eficaces (es decir que se cumplan) para el mejoramiento de la educación”. Planificar es una labor fundamental en el quehacer docente, pues permite unir una teoría pedagógica determinada con la práctica pedagógica. Es lo que posibilita pensar de manera coherente la secuencia de aprendizajes que se quiere lograr con los estudiantes. De lo contrario, si no se piensa previamente lo que se quiere hacer, es posible que los estudiantes perciban una serie de experiencias aisladas, destinadas a evaluar la acumulación de aprendizajes más que la consecución de un proceso.

El proceso de planificación, es un proceso intencionado y técnico, y es una competencia que debe tener un profesional que realiza docencia en la educación superior. La falta de planificación obstaculiza el proceso de enseñanza aprendizaje.

Realizar docencia implica cuestionarse en los siguientes aspectos ¿Para quién es la enseñanza?, ¿qué contenidos voy a desarrollar?, ¿cómo realizaré las clases?, ¿cuándo las explicaré? y ¿qué recursos necesito para desarrollar la clase? En todo proceso educativo es necesario dar respuesta a estas preguntas para ello es necesario tener un documento que responda de alguna forma a estas interrogantes, y ese documento es la “planificación”. Una labor educativa bien planificada siempre facilitará la ejecución y por consiguiente la evaluación del proceso.