Dia de la Enfermería: Edgardo

Fue hace tanto que ya se ve borroso, pero ahí está guardado el día en que se acabó la formación teórica y llegó el tiempo de unirse al ejército azul; partí de lo más simple a lo complejo, escalé peldaño a peldaño hasta que conseguí llegar a un lugar que, según yo, me enseñaría todo lo que necesitaba saber. Algo de razón tenía, pero lo que yo no pensaba era que la historia se iría complicando, hasta que el trabajo allí se transformó en un martirio, vivir el sufrimiento humano a diario unido al ambiente altamente estresante me pasó la cuenta a nivel profesional como personal, el sólo hecho de llegar a la casa y no tener fuerza ni ganas de jugar con mi hijo y conversar con mi mujer no era normal; no comprendo cómo demoré 7 años en darme cuenta; eso creo que muchos enfermeros/as lo hemos vivido alguna vez, pero no todos se atreven; a dar el paso al costado. Si bien sabía que estaba mal, las relaciones humanas me amarraban tan fuertemente que mis propios amigos tuvieron que cortar esas cuerdas para que yo partiera (se sentía como miedo a morir). Hace un tiempo dejé la UCI, ¡gran decisión! y decidí buscar nuevos horizontes laborales dejando atrás años de compañerismo, amistad, peleas, cansancio, sueño perdido, pero lo más importante para mí, años de risas con mis amigos; créanme que no hay cosa más buena que pasar un turno entero riendo por cualquier cosa, tal vez eso es lo que me mantenía con vida y a su vez lo que me retenía.

No tuve ni tiempo de vivir mi duelo cuando conseguí otro trabajo, un lugar ya conocido por mí y anhelado por años, un sueño cumplido donde he vuelto a sentir esa linda sensación de ignorancia, un lugar donde soy el nuevo y debo aprender, para mí, un gran lugar para desarrollar la Enfermería y para sentirme otra vez Enfermero; pasé de preparar Noradrenalina, Dobutamina, Milrinona, a preparar Profenid, Ketorolaco, Viadil. Pasé de querer ver a un paciente sedado a querer preguntarle que le pasó y como se siente. Pasé de ser un robot que hizo muchas cosas pero que no las sintió, a ser un enfermero que ama lo que hace. Volver a sentir estas cosas ha sido un avance en mi vida, romper el mito (y no tan mito) que dice que la gente de la UCI se cree superior por el solo hecho de apretar mas botones o manejar mas bombas de infusión ha sido uno de mis apostolados, y puedo decir que lo he logrado, pero es un esfuerzo constante. Cada día veo por aquí y por allá enfermeros/as que se olvidaron hace mucho tiempo del objetivo final de nuestro quehacer: el paciente; se han transformado en entes que hacen muchas cosas, pero solo son cosas. Llegan, preparan, puncionan, instalan y se van, a veces sin siquiera decir hola a esa persona enferma; esa es una enfermedad que me encantaría erradicar. Para que me envidien, el lugar en que trabajo es un servicio de urgencia, pero no cualquier urgencia, para mí es LA MEJOR URGENCIA; la relación con los pacientes es cercana, amena, íntima a veces, créanme que no es fácil intentar consolar a una persona que acaba de perder un dedo y decirle que todo saldrá bien; el solo hecho de intentar calmar o apretar la mano de ese paciente me ha vuelto más humano y es ese uno de los logros de la vida en este año y medio trabajando ahí. En la pega un día común comienza con una buena conversación, todo relajado (a veces), por supuesto el infaltable desayuno, durante el día una buena dosis de stress, ansiedad, miedo a veces, todo dentro de un contexto de equipo que no se transa porque yo puedo hacer todo y de todo para que el tren avance sin detenerse. Nosotros los maquinistas, fogoneros y conductores del tren nos encargamos de eso. No se olviden de ese concepto EQUIPO, por favor no lo olviden jamás.

Y el equipo de salud al que pertenezco tiene defectos y virtudes, pero hay una que destaca por sobre el resto y que la vida me ha enseñado que es imprescindible ¿cuál? RISA, ¡si! risa, eso que muchas personas dicen no se debe hacer en un hospital por “respeto” al paciente; yo les digo SI SE DEBE HACER, para mí es innato, el paciente ya tiene suficiente dolor o angustia, necesita que el foco de atención ya no esté en su dedo amputado, quiere sentirse valorado por el equipo y una buena talla logra eso y mucho mas. Ni se imaginan lo contentos que se van al pabellón cuando los incluimos y los hacemos reír. Durante estos años de profesión he aprendido muchas técnicas, trucos, mañas, pero lo que he perfeccionado es la capacidad de reír, ante cualquier situación, esa es mi forma de demostrar que disfruto lo que hago, que la enfermería no es solo una profesión, es también como bien lo decían mis profesoras en la universidad, un ARTE, y como arte es a veces algo loca, dispersa como este post, pero con un fin único: el paciente. Son estas cosas las que me llevaron a tomar la decisión de compartir lo que sé hacer con las nuevas generaciones de enfermeros en formación, enseñarles un poco de esa risa que tan bien les hará a ellos y a su público, así como también recordarles que todos somos humanos e iguales, no por estar en una camilla, cama o silla son inferiores; que no se crean dioses, que mantengan la humildad siempre a flor de piel, que el saludo y la atención es a veces la mejor medicina, porque cura el alma que es lo más profundo que tenemos, en fin…mi idea es que enfermería siga siendo la profesión más humana de todas. En este día en que nos celebramos, ojalá que algo de lo que han leído aquí les quede o reflote, yo creo que muchos/as en nuestra profesión piensan como yo y eso me impulsa a seguir adelante y a no pensar que soy un eslabón solitario; espero que cada uno de ustedes haga que enfermería mantenga el sitial que tanto tiempo nos ha costado ganar. No olviden el esfuerzo y las barreras que hemos tenido que derribar para ser mirados como profesionales, y piensen que esas personas que están en la camilla podemos ser nosotros, nuestros hijos, familiares o amigos y que nos gustaría ser atendidos por alguien a quién le importe nuestra dolencia más que cualquier otra cosa, y ese alguien es un/a Enfermero/a, ese era la idea que nació en la cabeza de Florence Nightingale y la que debemos mantener siempre.

Foto: Flickr cc

EDGARDO LOYOLA NEIRA 100% Enfermero UdeC, penquista, actualmente trabajando en Mutual de Seguridad.

Comments

  1. @jesicaba says

    muy buen post Edgardo yo creo q a todos nos ha pasado algo parecido , te apoyo al 100% la “Risa” es muy útil tanto para el equipo de salud como para el paciente que muchas veces solo quiere sonreír!!! Felicitaciones!!

  2. says

    Querido Edgardo, que amplia reflexión de tu quehacer profesional. Me impresiona que te hayas demorado 7 años en darte cuenta que estabas viviendo tu propio Bournout.

    En mi época no se sabía del Bournout en los profesionales de salud, es fuerte, muchos colegas han dejado la profesión y cambiado de oficio debido a esto. No han podido darse cuenta y pedido ayuda.

    Cuantas veces nos ha pasado que salimos de casa a un turno con una pena terrible de dejar a nuestra familia, de sentir el agobio de nuestro quehacer y solo desear que llegue el fin del turno para irnos.

    Los enfermeros nos olvidamos que somos personas, que necesitamos cuidarnos, dormir bien, comer bien, recrearnos y alimentar nuestro espíritu.

    Hoy se habla más del auto cuidado en enfermería, muchos colegas han llegado a conocer las terapias complementarias en búsqueda del equilibrio espiritual, de encontrar el por qué de las cosas, entender que el dolor ajeno nos afecta y se acumula.

    La indiferencia de algunos colegas es una forma de protegerse, pero no es la mejor forma, eso sólo los aísla.

    Hay que buscar respuestas y equilibrio en las cosas bellas de la vida, en la buena música, en la meditación, en el conocimiento de uno mismo.

    Un abrazo
    Jackie