Cuatro cosas sobre ser Médico que no aprenderás en tus libros

 El querer trabajar en preservar – o recuperar – la salud de las personas es embarcarse en una aventura de vida bastante compleja, que implica contar con más armas que sencillamente tener vasto conocimiento, algo de disquisición clínica y bastante de eso que denominan criterio.

CLARO QUE TENGO VOCACIÓN DE SERVICIO

Cuando nos planteamos el hecho de querer estudiar una carrera relacionada con la salud damos por entendido que cumplimos con ese requisito, pero resulta que la llamada “Vocación de Servicio” lejos de ser una característica más de la personalidad de cualquiera, es muchísimo más: es una especie de don.  Querer servir implica necesariamente la disposición a prestarte a ayudar, estar presto a las necesidades del otro: ser receptivo, empático, interesarse por lo que la otra persona piensa y siente; y algo de lo que pocos médicos (o futuros médicos) pueden alardear: sencillez. Sencillez para tratar a tus pacientes no como alguien a quien le está uno haciendo un favor; sino más bien como alguien a quien le estás dando de ti. Sencillez para reconocer que, si bien eres importante, cada integrante del equipo de salud es exactamente igual de importante que tú.

YO, HUMANO

La pérdida de interés en los estados emocionales de los demás es, desgraciadamente, algo común conforme pasan los años de estudio y nos acercamos cada vez más a ser médicos. Parece irónico pensar que la cantidad de pacientes que veamos y atendamos y nuestra empatía tendrán una relación inversa. ¿Es que acaso, que como estudiantes, hay que optar entre aprender a “ser buenos médicos” y aprender a “ser buenas personas”? Por otro lado, la culpa no es sólo de los estudiantes: la mayoría de las veces no tenemos muchos buenos ejemplos.

Hemos escuchado muchas veces que el 60% o más de la recuperación de un paciente depende del trato que reciba del médico. ¿Es una pérdida de tiempo entonces, utilizar diez segundos de tu tiempo en leer el nombre de tu paciente antes de dirigirte a él, para preguntarle cómo se siente?  Mirarle a los ojos cuando te habla y cuando le hablas; sostener su mano o confortarlo con palabras o un gesto cuando algún procedimiento le está produciendo dolor o incomodidad te van a permitir crear un vínculo: y ese vínculo será la verdadera medicina para tu paciente.

OÍR Y ESCUCHAR

Esas dos palabras, en nuestro lenguaje de todos los días muchas veces son utilizadas como sinónimos, pero en realidad el “saber escuchar” es una virtud que muy pocas personas poseen y que en la medicina será esencial, porque con el don de escuchar viene aparejado el don de curar. 

 Si tus pacientes perciben que los escuchas – y que no sólo los oyes – te reportarán más sus síntomas, lo que te permitirá un mejor diagnóstico; te compartirán sus dudas y preocupaciones, y al poder resolverlas, también les estarás educando sobre su enfermedad, y logrando que sus hábitos cambien por consecuencia. Y así, la mayor satisfacción de tus pacientes traerá consigo un aumento en su calidad de vida y una mejora en las expectativas que tienen en el proceso de su enfermedad.

 PRIMUM NON NOCERE

“Lo primero es no hacer daño” rezan esas palabras en latín.  Ahora, más allá del hacer o no daño, el concepto Primum Non Nocere se refiere más que nada a una ponderación de la relación beneficio/daño considerando casos en los que muchas veces vale la pena correr un riesgo. Es importante recordar la obligación de no producir daño que podamos evitar: permitir que nuestros pacientes experimenten dolor postoperatorio, el mantener las condiciones de vida de los pacientes terminales, el generar en nuestros pacientes angustias innecesarias, etc. Todo esto nos habla de reorganizar nuestras prioridades y colocar al paciente por encima de cualquier otro interés.  

Es vital que mantengamos en nosotros una actitud autocrítica: pensando siempre en crecer como profesionales al adquirir conocimientos y destrezas; y así mismo crecer como personas, debiendo ser esto segundo, indudablemente, nuestra principal preocupación, de modo que no olvidemos que nuestros pacientes son precisamente eso: personas  (no organismos, ni enfermedades) y requieren de nosotros las actitudes adecuadas para ser tratados como tales.

Comments

  1. Edgar says

    Muy bonito post, la verdad encasillas bien esos grandes pilares, que lejos de adquirirse por un azar o una predispocion personal, debiesen cultivarse en todo estudiante de medicina, pues a mi parecer, estos son requisitos de esta bella profesión. gracias.

  2. Nelda says

    Muchas gracias por compartir este aspecto de tu vocación. Así dan ganas de seguir estudiando medicina.

  3. Rosa Maria Castillo says

    Estimada Lrevolledo,
    Que lindo leer tu post, y me emociono mucho mas al ver que eres miembro de IFMSA-Peru, ya que cuando yo era estudiante de medicina, fui NEO de IFMSA-Peru… :) Sigue escribiendo e inspirando a los estudiantes de medicina. Felicitaciones!
    Rosa Maria Castillo

  4. Lrevolledo says

    muchas gracias a todos por darse unos minutos para leerlo!
    ha sido simplemente escribir algo que estaba mitad en la mente y mitad en el corazón, me da muchísimo gusto que les haya gustado!

  5. says

    Entiendo perfectamentamente lo que dices cuando hablas de que la relacion entre cuantos pacientes veas y tu empatia sera inversa, es mas yo tambien lo creo firmemente;

    pero lo que si cabe recalcar es que en la vida va a haber varias etapas que son inveitables; menciono esto ya que lo mismo pasa en la medicina pasa lo mismo.

    Me gusto o no nos va a pasar, nuestra empatia bajara al pasar de los años; pero es entonces cuando se aprende algo nuevo, algo que no habias visto antes.
    Lamentablemente de los errores aprendemos!

    Y es aqui donde aun mas converge nuestro punto de vista, ya que cuando esto sucede creo que tendremos la oportunidad de DECIDIR volver a ser empaticos o no!

    Esta bacan tu post!!

  6. Edu Méndez says

    Gran columna. Te la aplaudo de pie.

    Sigue con ese espíritu y esas ganas, hazlo crecer, expándelo, transmítelo y hazlo contagioso, que esa es la actitud que a muchos galenos en formación les está haciendo falta.

    Un abrazo.