Los pacientes no quieren números

No es raro escuchar un periodista en la tele diciendo “los médicos no le dieron más de 3 meses” o a pacientes contando los días para que termine una enfermedad o tratamiento. Pero ¿Acaso somos dueños del tiempo? Es verdad que el paciente tiene todo el derecho a saber su diagnóstico y pronóstico que puede expresarse de forma cuantitatva (meses, años) o cualitativa (reservado, bueno, malo).

El pronóstico es el conjunto de datos que se usan en medicina tomando la probabilidad de que ocurran determinadas situaciones en el transcurso del tiempo (historia natural de la enfermedad). Es la predicción (casi el “horóscopo”) de los sucesos que ocurrirán en el desarrollo de una enfermedad en términos estadísticos. Esto permite tomar decisiones, ordenar procesos y ser lo más trasparente posible. Pero ¿no será mucho querer poner plazo a todo nuestro actuar? El interés por conocer la evolución natural de cada enfermedad para descubrir las diferentes etapas y componentes del proceso patológico, para así intervenir lo más temprano posible y cambiar el curso de éstas tiene el fin de cambiar muchas veces radicalmente el curso de una enfermedad. Por ejemplo, se sabe que el cáncer de pulmón tiene un pésimo pronóstico con sobrevida de menos del 5% en etapas avanzadas pero de más de 60% si se pesquisa precozmente … ¿Es correcto decir eso y sepultar una esperanza a un paciente con el diagnóstico reciente de un cáncer avanzado?

A lo que quiero ir con todo este abigarramiento de ideas es que el paciente no quiere saber número (salvo curiosos que tienen un fin más de curiosidad mórbida) quiere que uno entregue la información para la situación en particular pudiendo tomar conductas y acompañar en sus distintos procesos. La medicina siempre ha tenido como fin ayudar y aconsejar al paciente, sin embargo, todos los avances en ciencias médicas han centrado la atenición exclusivamente en el tratamiento dejando en el abandono y la marginación a todo enfermo cuyo pronóstico sea malo (que los números no lo acompañen), siendo casi considerados como un “fracaso” para muchos que tienden a creer en la “todapoderosa” medicina moderna. Esta actitud que todos podemos llegar a caer lleva al abandono o al encarnizamiento terapéutico.

Todo esto va a que debemos atender al paciente de forma integral, procurando el bienestar y calidad de vida de nuestros enfermos y adaptándonos a cada situación, facilitándole toda la información que éste requiera y así acompañarle en un proceso de deliberación que se hará en conjunto.