¿Que costaba hacerlo acá?

Este post se iba a llamar “Ice, ice baby…” pero eso sólo iba a delatar mi edad.  De ese tiítulo nonato pueden adivinar de qué se trata.

¿A cuántos futbolistas hemos visto poniéndose hielo afuera de la cancha o en el entretiempo para tratar una lesión? ¿Cientos? ¿Miles? ¿Todos? Resulta que es de conocimiento popular (y médico) que, en caso de una lesión practicando deporte, hay que ponerse hielo. ¿Para qué? para que no se hinche, para que disminuir el dolor, para poder seguir jugando.  De hecho, en inglés existe la la mnemotecnia RICE para recordar qué hacer frente a una lesión deportiva: Rest, Ice, Compression, Elevation. ¿Qué dice la evidencia sobre el hielo? Bastante.

En primer lugar sabemos que el frío disminuye el dolor.  Es difícil no darse cuenta. Por la misma razón, es difícil hacer un estudio randomizado donde asignemos a un grupo a terapia con hielo “placebo”.  Punto para el hielo.   Pero lo que no se sabía… ¡no se sabía! era que el hielo puede disminuir el desempeño deportivo y – eventualmente – aumentar la aparición de lesiones. Veamos.

Una reciente revisión sistemática revisó la literatira disponible sobre los efectos del hielo en el desempeño deportivo a corto plazo.  ¿Qué quiere decir esto?  Que evaluaron todos los artículos donde los autores habían asignado a los deportistas a ponerse o no hielo por un rato y después medían qué tan bien se desempeñaban cuando, luego de un rato, volvían a practicar el deporte.  Parecido a lo que vemos en un partido: minuto 44, Alexis Sanchez recibe una patada voladora y durante el entretiempo se pone hielo en el sitio del golpe para poder seguir jugando durante el segundo tiempo.  La sorpresa que se llevaron los autores de esta revisión era que una mayoría de los estudios demostraban que los deportistas que se ponían hielo empeoraban su desempeño cuando se les comparaba con los que no se habían puesto hielo.  ¿Paradójico? Al parecer no tanto.  Lo que parece estar ocurriendo es que el frío retarda la conducción nerviosa, de esa forma disminuye el dolor, pero también disminuye la velocidad de conducción de los nervios motores (los que nos permiten mover los músculos) y la propiocepción (lo que nos permite saber, aún teniendo los ojos cerrados, donde está mi mano en determinado momento).  No es de extrañarse, entonces, que los deportistas que se ponen hielo tengan menos dolor pero se desempéñen peor por un corto período de tiempo.  Yo me pregunto también ¿será posible que, por tener propriocepción alterada, también se lesionen más en el segundo tiempo? ¡Pobre Alexis!

Finalmente los autores mencionan la escasez de estudios randomizados, incluyendo estudios que evalúen el efecto del hielo en la recuperación a más largo plazo de la lesión.  Eso nos trae al título de este post.  Las revisiones sistemáticas son un tipo de investigación científica que puede generar mucho impacto.  Por otro lado son estudios más baratos de hacer que un estudio clínico randomizado completo y son altamente citados.  ¿Qué costaba haber hecho este estudio en Chile? ¿En Sudamérica?  Como pueden leer en otros posts en este blog, la medicina deportiva está ávida de evidencia científica de calidad.  Los invito a hacerse cargo del desafío.

NOTA: post corregido para clarificar que la revisión sistemática incluía participantes sanos, no lesionados. Gracias a @rokine por la observación.

Comments

  1. Mario Hitschfeld says

    Muy interesante el tema!!! Y rescato el fondo del post, ¿qué costaba hacerlo acá? Parece que la falta de innovación de nuestra sociedad tiene manifestaciones a todo nivel, como innovar en literatura científica.

    Saludos!