Cuando uno es el paciente; una ventana a la empatía

Una de las acepciones de la RAE define a paciente como un enfermo que recibe tratamiento respecto al médico, lo cual dentro del lenguaje común podría ser considerado bastante apropiado, con sutilezas que cualquiera podría determinar, pero ¿Que sucede cuando es el agente sanitario, quien debe pasar al otro lado de la trinchera para ser atendido?.  En mi bastante humilde practica clínica, siempre he escuchado que ser profesional de la salud, o familiar de este, es considerado como un factor de riesgo para cualquier patología y complicación.

Esta pregunta y reflexión me surgió hace exactos 11 días. Resulta que ese día, pasé felizmente al numeroso grupo social conocido como “Padres”, ya que a las 21:02 minutos, nació mi primogénita. Ese día, estaba tranquilo, conocía todo el proceso por el cual se realiza una cesárea (que en este caso estaba programada), y lo repasaba una y otra vez en mi mente. No estaba preocupado, quizá un poco ansioso, pero nada más allá de lo que podría considerarse “normal” para un evento de estas características. Llegado el momento, mientras me vestía para entrar al pabellón, continuaba pensando en el “procedimiento” y todo, me lavo las manos, y me acerco tranquilo a la puerta de la sala. Miro por la ventana, y veo el preciso instante en que a la madre, le estaban poniendo la anestesia raquídea. Observo silencioso tras el vidrio y noto que el anestesista en cuestión no lograba una punción satisfactoria. Entraba y salía una vez en lo que para mi parecían horas, y mi preocupación comenzó a crecer como una bola de nieve que en un comienzo parecía inocente. Al fin lo logra, y administra el anestésico, mi ansiedad tiende a la baja y me doy cuenta de que si no me calmo, voy a pasar un rato terrible dentro de esa sala. Respiro profundamente y mientras me dicen que puedo pasar, borro de mi mente todo lo que aprendí/sé de la operación y me dedico a tan solo disfrutar del momento. Debo agregar que el resto de toda la cesárea fue uno de los más bellos momentos que me ha tocado vivir y  que no me quedan palabras para describirlo, sin ningún problema, pasé automáticamente a ostentar el título de papá (aunque ahora haya que ganárselo).

Entonces me quedó dando vueltas la idea, todos somos humanos, todos nos enfermamos, sufrimos, tenemos crisis, ataques, patologías. Un profesor me decía hace unas semanas; “no existe médico más estúpido que aquel que atiende a su familia”. ¿Que tanto nos afectan las emociones al momento de realizar un diagnóstico?, al tener que dar una mala noticia, o escoger entre un tratamiento potencialmente peligroso entre un paciente y otro, cuando le conocemos. Ahora a la inversa, cuando uno le toca ser paciente, y es conocedor de la patología, el pronóstico, las alternativas de tratamiento y las complicaciones, ¿Como puede afectar esto el propio desarrollo del proceso terapéutico?. ¿Como enfrentar esos momentos en que el paciente debe ser uno, y confiar en las manos de otra persona, un tema tan delicado como lo es tu vida y tu salud?. Creo que es un cuestionamiento básico al momento de atender a una persona, el pensar como se debe sentir, que es lo que debe estar pasando, antes de hacer cualquier tipo de intervención en su vida. Es importante el tomar en cuenta esas pequeñas sutilezas que para la otra persona son toda una vida, ya que a veces con la rutina, y el ver cada día a gente sufriendo, mucha gente tiende a olvidar que está frente a una persona con una vida completa dentro. Eso señores/as, es lo que yo considero empatía. Como le llamarías tu?

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