Un poco de historia….: "La botica de los jesuitas"

Si damos una vuelta por cualquier parte de Santiago, Chile, veremos que en cada esquina hay una farmacia (incluso aveces 2 o 3). ¿Pero que habrá pasado antes, cuando no existían las cadenas comerciales de ahora?

Los primeros registros de las boticas en Chile datan de más menos inicios del siglo XVII. La Compañia de Jesús llegó a Chile alrededor de 1593, iniciando a los 2 años la contrucción de su Iglesia y el Colegio Máximo, en las dependencias que ocupa el Congreso Nacional (atras de la Catedral). Existen registros de 1613 de que en el edificio ya estaba funcionando la botica, con el objetivo de aportar los medicamentos para los tratamientos de los enfermos de la órden. Las hierbas y tratamientos de los que se suplia la botica, eran aportados por los misioneros de todo Chile, quienes tenian contacto con los indigenas de la región.Esto permitió hacer crecer su inventario, apoyado por los libros de medicina, biología, anatomía, etc, que eran traidos desde Europa. Por lo tanto la botica fue fue muy apreciada por los vecinos y medicos de la ciudad que tenian acceso a ella.

Durante esa época, la botica principal de la ciudad era la del Hospital, además de la Botica publica, dirigida por el gobernador. En 1644 la botica de los jesuitas era la más respetada, por su gran variedad de medicamentos, su calidad y precios. En ese año, el encargado de la botica pública reclamo al cabildo por la competencia. El gobernador decide transformar la botica de los jesuitas como pública, para que todos los vecinos pudieran beneficiarse.

El terremoto del 13 de mayo de 1647 destruyo gran parte del Colegio Máximo y por lo tanto de la botica. Los relatos de la época, muestran la gran importancia que tenia para la sociedad, al aportar medicamentos de calidad a los más necesitados (“A grande costa tenia edificada una botica que era el alivio de su casa y el socorro de los más pobres…” – Obispo Gaspar de Villarroel 1647).

La reconstrucción del Colegio Máximo se inició inmediatamente, incluyendo a la bótica. A los pocos años, alrededor de 1654, nuevamente la botica funcionaba completamente, actuando como la única botica pública de la ciudad (las demas fueron destruidas en el terremoto). La botica siguió funcionando, con gran aprecio de la comunidad y médicos de la ciudad, quienes tenían en la botica una gran variedad de medicamentos, de gran calidad, ademas de libros de estudio. En sesión del cabildo del 10 de Febrero de 1696, se destaca que dicha botica “es la más bien surtida y aparejada que hay para el uso de ella, en Santiago“. En 1710, la botica funcionaba en su máximo apogeo. Su boticario, el Padre jesuita Juan Bautista Pavez, era aceptado en la Real Audiencia y el Cabildo, siendo reconocido como un ente relevante en la Salud Pública de la ciudad.

La botica funcionó hasta 1767, fecha en que la Corona española expulsó a la Compañia de Jesus de todos su territorios, incluyendo Chile El único que se quedo fue el Hermano José Zeitler, quien se encargó durante 5 años de realizar un inventario de todos los productos que existían en la botica, donde se encontraron, según palabras Ismael Espinosa, en su libro “historia secreta de Santiago”: “…una enorme sala cuyas estanterías contenían 311 cajones y dos sotanitos, quedando lugar para tres hornacinas: una para San José y las otras dos para sendas imágenes de la Purísima. Al frente se encontraba el doblado , con otra estantería, y en ella otros 127 cajones, cada cual con su tirante de fierro. Al lado, un tinglado con fiolas, retortas y alambiques. La botica poseía, entre drogas y preparaciones farmacéuticas, 916 productos, con los que se podía preparar toda suerte de recetas magistrales. Para guardar este arsenal, además de los mencionados cajones, había 677 frascos comunes, 178 limetas y redomas, 906 botas de estaño y peltre, 340 frascos de cristal con tapa de lo mismo y otros 19 con bocas y tapas de plata, 4 botes de plata, dos medidas, una cuchara y tres espátulas del mismo metal. Había también 10 alambiques, 4 retortas, 3 recipientes, 5 embudos, 5 orinales y un almirez, todo en vidrio de Bohemia y de España. De cobre y bronce había 22 peroles, un perforato, una caceta y 12 morteros con sus respectivas manos; además de pailas, sartenes, crisoles, lebrillos, tachos, olletas, tarros, cucharones, braseros, una canaleta para fundir piedra infernal , una escofina grande para escofinar huesos , un combo, una romana y varias balanzas, dos barretas, dos serruchos ingleses, tenazas, hachas, garlopas, barrenos, escoplos, formones, limas y varios martillos. También había un esqueleto muy bien conservado, y un embrión”.

 

Comments

  1. says

    Esta excelente el articulo. Cada brebaje, efectivo o no que debe haber habido en ese establecimiento…
    Sobre la “La piedra infernal” o “lapis infernalis”, es el conocido nitrato de plata, que aún se usa en cauterización de vasos nasales sangrantes y para quemar “verrugas”