También se puede hacer desde acá: Innovación Reversa.

El de la foto es Jeffrey Immelt, el CEO de General Electric. General Electric (GE) es la segunda compañía más grande del mundo, con ventas de casi 160 mil millones de dólares (un poco menos que el PIB de Chile). Jeffrey probablemente ocupa sus días hablando de megaturbinas, aprobando el presupuesto de un nuevo superturbocargador, o despachando los motores que impulsan la mayoría de los vuelos comerciales y militares en el mundo.

Así que: ¿qué hace con ese ridículo dispositivo en la mano, que vale apenas unos cuántos miles de dólares? ¿Qué hace el líder de una de las compañías estadounidenses más tradicionales, estrechamente ligadas a la historia americana de progreso e ingenio, sosteniendo un aparatito ¡hecho en China!? Y más aún: prometiendo que sostiene el futuro en sus manos…

El “aparatito” en cuestión es el V-Scan, un equipo de ultrasonido portátil: hace poco comentábamos en Matasanos las ventajas de esta tecnología. Hoy nos centraremos en la historia detrás de él: es importante entenderla por que da cuenta de la revolución que vive la concepción tradicional de la innovación en un planeta más integrado (no necesariamente más justo). Es importante para nosotros por que viene del mundo de la salud. Y es importante por que abre posibilidades para países como el nuestro que pretenden abandonar el subdesarrollo.

Immelt entendió que GE no podía seguir haciendo lo mismo sin caer en la obsolescencia. GE venía de un mundo donde la innovación tecnológica seguía un camino bien definido:

1. En un laboratorio de una compañía o universidad en un país desarrollado se genera un avance tecnológico. Se diseñan uno o varios productos relacionados, de alta tecnología, protegidos por patentes.

2. Estos productos se manufacturan donde el costo sea menor, muchas veces en países en desarrollo.

3. El producto “regresa” al mundo desarrollado, donde se comercializa con bombos y platillos, a precios altos característicos de un producto innovador.

4.  ¿Y qué pasa con el país “subdesarrollado” donde se produce? Pues…  no tenían el dinero para pagar el producto terminado. O si lo tenían, no estaban suficientemente avanzados para adoptar esta tecnología. Y cuando la recibían, eran productos con menos prestaciones, o de segunda categoría, o ya desfasados, o sin servicios adicionales…

Esta cadena de producción y comercialización tiene un cariz discriminatorio: en este mundo no se concebía una tecnología que pudiera ser producida en un país en desarrollo. Afortunadamente las cosas cambian: “Hecho en China”, por ejemplo, tendrá un sello totalmente distinto en algunos años.

Y así lo entendió Immelt; su mérito fue despojarse de ese paradigma clásico de innovación, y generar las condiciones para que una compañía anclada en valores “gringos” pudiera suscribir productos concebidos fuera de las fronteras de América: el V-Scan fue desarrollado por un grupo de investigación chino, EN China, y pensado para las necesidades de los médicos chinos y sus pacientes: es decir, un grupo de clientes que no conforman el perfil clásico de los sofisticados consumidores habituales de los productos hi-tech de GE. Esta compañía no solo está tratando de acceder a la que pronto puede convertirse en la economía más grande del globo: está impulsando un cambio cultural, reconociendo que el centro de gravedad del mundo ya no estará en Estados Unidos.

En este paper del Harvard Business Review, el mismo Immelt describe las bases de lo que llama “Innovación Reversa”: GE le dio autonomía a un equipo local para desarrollar una innovación desde cero, apropiada a las necesidades locales, y LUEGO adaptarlo para comercializarlo en países desarrollados (de ahí la “reversa”).

¿Por qué es importante para nosotros? Estamos acostumbrados a esperar que las innovaciones lleguen de afuera. Pasamos días esperando que nos llegue el último gadget desde EE.UU. (si no se pierde en el camino), y luego no podemos utilizar todas sus funciones, porque, bueno… ¡no estamos en EE.UU.! Pero en vez de inventar nuestras propias aplicaciones o plataformas o dispositivos, nos quedamos esperando a que lleguen del norte. O cuando más, intentamos adaptar una solución foránea, con resultados horrorosos.

Y en salud pasa lo mismo: es cierto que es difícil innovar en nuestro sector, por los altísimos riesgos, las regulaciones, la inercia institucional… No estoy de acuerdo con todo lo que hace GE, que es también una monstruosa transnacional, pero si ellos, un símbolo y pilar de la cultura americana, han reconocido la necesidad de adaptarse, creo que es una lección para las tradicionales estructuras jerárquicas y anticuadas de las organizaciones sanitarias: se puede cambiar.

Por supuesto GE tiene algo que no tenemos: recursos prácticamente infinitos. Por eso hay que explorar áreas de bajo costo tecnológico, como las tecnologías sociales y los recursos de la web 2.0. Todavía no existe una buena red social de profesionales de salud en español. Todavía no hay una buena herramienta para conectar a profesionales y pacientes en la red. Y estoy seguro de que a la gente de Matasanos le preocupan estos temas.

Un ejemplo de fuera de la salud: Fayerwayer, el segundo blog más leído de tecnología en español, es chileno.

¿Por qué no nosotros?

Imágenes: GE Reports

Update 18 de Diciembre: Corregí la posición de Fayerwayer en el ranking de Wikio.

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