Jugando a ser dioses

Aún recuerdo al primer paciente que falleció bajo mi “cuidado”. Para variar me había tocado turno un día feriado, pero sorprendentemente me sentía a gusto en el hospital. Estaba rotando por hospitalizados de pediatría ese mes en un hospital público, de pocos recursos como todos, pero destacado en el área de Pediatría, por lo que el numero de camas rondaba las 60.

Durante una ronda en la tarde una madre, resfriada, se acercó ami y me menciono preocupada que su bebé no tenía buen aspecto. Era un niño de 2 meses, previamente sano, hospitalizado hace 3 días por fiebre de origen desconocido sin otros síntomas,  al que ya se le habían tomado todos los exámenes 2 veces sin encontrar un origen de su cuadro, con mejoría clínica  y que estaba para irse de alta al día siguiente,. Con los antecedentes previos lo examiné, pero a parte de estar con febrículas y notarlo un poco más decaído, no había nada llamativo en el examen físico, así que se tomaron medidas generales y se le solicitó a la madre usar una mascarilla pensando que el origen de la fiebre del niño era viral a causa de la madre. Durante la noche, el niño siguió empeorando: estaba decaído, con fiebre, pálido, levemente deshidratado, no lloraba y no tenía  ganas de comer.  Después de mucha insistencia fue evaluado por el medico de turno, se tomó el set de exámenes correspondientes completo y oh! Sorpresa! El líquido de la punción lumbar salió turbio así que sin esperar el resultado se traslado inmediatamente a un aislamiento en la UCI pediátrica del mismo hospital.

Dos días después fui despertada en la mañana por un compañero de grupo para decirme que el pequeño había fallecido hace unos minutos.

Esa fue la primera vez que lloré por un paciente. Por considerarlo una injusticia casi divina,  por impotencia y frustración porqué no se pudo hacer nada, y por culpabilidad pensando que quizás si hubiéramos hecho las cosas de otra manera, podríamos haberlo salvado.

Un año después, durante mi internado rural, se nos llamó con urgencia a la posta ya que venía la ambulancia con una chica de unos 18 años, primigesta de 6 meses de embarazo, que había sido atropellada por un camión al salir de su casa, por lo que junto con la ambulancia llegó la familia en pleno que debió esperar al otro lado de la puerta. Se hizo todo lo posible, pero después de más de 30 minutos de maniobras de resucitación sin respuesta se decidió declarar la hora de muerte. La angustia, la impotencia y la frustración que había en la cara de todos los presentes no la olvidaré nunca, así como tampoco la reacción de la familia. Esa fue la segunda vez que lloré por un paciente.

¿Pero ser médico es sobre eso no?

Desde el primer momento que atendemos a un paciente, esa persona pone en nuestras manos uno de sus más preciados bienes: su salud y la de sus seres queridos; y no hay vida sin salud, por lo que también nos confían su vida. Así, desde que indicamos el primer antibiótico para tratar una neumonía, el primer suero para hidratar o aportar volumen, las primeras drogas vasoactivas para estabilizar, practicar RCP, decidir una cirugía de urgencia o algo tan básico como recetar una cardioaspirina diaria a modo de prevención, estamos influyendo directamente con nuestras acciones en la calidad y las expectativas de vida de alguien. Nuestras decisiones pueden llevar a mejorar un simple resfrío hasta salvar una vida que de otra manera hubiese tenido un pronóstico bastante más sombrío. A veces también nuestras acciones, o la falta de ellas, pueden sellar el destino de alguien.

No es eso jugar a diario a ser dioses? A veces lo siento así.  Es una gran responsabilidad la que recae en nuestros hombros a diario y quizás con el tiempo uno se hace inmune como una manera de autoprotección.

Sé también que estas 2 experiencias me ayudaron a entender que sí, tenemos una gran responsabilidad, pero que a veces, simplemente, no podemos hacer nada más. Lo importante es saber que pusimos todos nuestros conocimientos y herramientas a disposición, hicimos todo lo que pudimos, y que queramos o no, a veces “shit happens”.

Después de todo, no somos dioses.

Picture : ing jorge CC License

Comments

  1. Sebastian Serón Barrientos says

    l@s enfermer@s que se preocupan del cuidado de nuestros pacientes y quienes tienen que lidiar con el temperamentos de cada uno de ellos, el politico que aprueba una ley y evita que la sociedad caiga en grandes conflictos, la persona que recoge la basura y con ese simple acto se encarga en gran medida de un tema de salud publica, los panaderos que se encargan de hacer unos de los principales alimentos en esta sociedad… acaso todos ellos no tienen en cierta medida en sus manos la vida de otras personas?

    creo que eso de Diostores va con personas que no saben respetar y ver la importancia de los demás en algunas cosas, es un tema de EGO, mas aún, considerando que ni siquiera nos podemos llamar doctores.

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