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septiembre 11, 2010
Categoria: Matasanos, Salud Pública
Tags: eutanasia , Global Health , Matasanos , Medicina , médicos , muerte , Políticas Publicas , Public Health ,
Desde que entré a la carrera, que sabía que iba a tener que ver esto a diario, pero créanme que uno nunca está preparado para ver a una persona en sus últimos momentos. Me quedé pensando en esa persona toda la mañana mientras atendía a otra gente, fue como bien fuerte. Sus familiares trabajaban en el hospital y ya sabían que estaba grave; estaban asumidos, sin embargo me dió mucha pena porque los que le acompañamos en sus últimos momentos, eramos gente que nunca lo había visto, de hecho llevabamos a lo sumo unos 10 minutos examinándolo cuando nos dimos cuenta que de a poquito se fue apagando. Lo primero que me dijo un amigo: “Yo no quiero llegar a viejo, ser una carga para mi familia, prefiero suicidarme antes…”, uno piensa lo mismo, no sé si llegar al punto de suicidarse, sin embargo empieza una lucha interna de preguntarse si es justo pensar en terminar con su propia vida cuando uno se encuentra todavía lúcido y en una situación extremo, es decir, sale a relucir un tema muy controversial como La Eutanasia.
Pocos debates en nuestros días suscitan tanta controversia como el de la Eutanasia. Tema que comenzó a cobrar relevancia a partir de los años 60’ con la inclusión de los “métodos extraordinarios” que permiten prolongar la vida. A esto se suma, el empoderamiento por parte de la comunidad, que cada vez está más instruida sobre sus derechos y obligaciones acerca de su propia salud. Lo que da paso a un quiebre de la antigua relación médico – paciente, e incorpora un nuevo modelo, el deliberativo, el cuál en su esencia busca una discusión y revisión a través de un debate moral.
El universo de conceptos relacionados con la Eutanasia, es amplio y confuso, por lo cual no existe un límite claro entre lo que significa suicidio, homicidio y otros tipos de muerte; y la línea que los separa es relativa y variable según los distintos contextos socioculturales que se han presentado a lo largo de la historia. Es debido a esta situación de “caos” que diversos autores han establecido clasificaciones y definiciones que se han ido modificando.
Beauchamp y Childress establecen cuatro principios fundamentales de la bioética, uno de ellos, la autonomía indica que toda persona competente y consciente de sus actos puede decidir qué acciones serán tomadas en su beneficio, teniendo conocimiento previo de las consecuencias que el tratamiento implique. Por otra parte, el principio de no maleficencia indica que la obligación del médico y otro personal sanitario es no ejercer acciones que perjudiquen la salud y en lo posible no contraindiquen los deseos explícitos de un paciente.
¿Es humanitario el escuchar y ejecutar los deseos del paciente? He aquí el centro del debate. ¿Se hace un favor o se facilita el suicidio?. Reflexionemos: Si se vuelve al pasado, a la era griega, el juramento que alude a Hipócrates de Cos, médico padre de su especialidad indica explícitamente el no brindar tratamiento alguno que facilite el cese de las funciones de las funciones vitales y consigo la muerte.
De ese entonces hasta los días corrientes han pasado siglos, y con ello han sido modificados algunos de los principios del juramento. Decidir cuándo poner fin a la vida exige una capacidad de analizar, para posteriormente deliberar y asumir las consecuencias que implique la decisión tomada.
La palabra eutanasia viene del griego Eu Thanatos que significan literalmente “buena muerte”, término que ha evolucionado y actualmente hace referencia a toda conducta de un médico, u otro profesional sanitario bajo su dirección, que causa deliberadamente y de forma directa la muerte de una persona que padece una enfermedad o lesión incurable con los conocimientos médicos actuales que por su naturaleza le provoca un padecimiento insoportable y le causará la muerte en poco tiempo. Esta conducta responde a una petición expresada de forma libre y reiterada, y se lleva cabo con la intención de liberarle de este padecimiento, procurándole un bien y respetando su voluntad.
Se nombran diversas formas de eutanasia:
Las anteriores definiciones quedan casi para el recuerdo en la literatura, ya que hoy en día se ha llegado por lo menos al consenso de que Eutanasia, constituye una acción concreta y directa, y no una omisión del tratamiento, lo cual no quiere decir que ésta última este exenta de penalización, ya que dejar de hacer cosas por un paciente que las necesita, implica un caso de mala praxis.
Pretender la muerte y prever que va a tener lugar
La diferencia entre eutanasia directa e indirecta radica en que en la primera se pretende la muerte y en la segunda la muerte se prevé como una consecuencia que ésta puede ocurrir. Es decir, si un médico o un profesional sanitario bajo su dirección, administra una inyección letal a un paciente para poner fin al sufrimiento de éste, el médico ha puesto intencionadamente fin a la vida del paciente. Este caso no admite controversia. Pero ¿pone el médico también intencionadamente fin a la vida del paciente cuando pretende aliviar su dolor mediante dosis cada vez mayores de fármacos (analgésicos) que se sabe que eventualmente ocasionarán la muerte del paciente? Y ¿ha puesto el médico intencionadamente fin a la vida del paciente cuando desconecta el respirador que mantiene a éste con vida, sabiendo que el paciente morirá a consecuencia de ello?
Quienes desean mantener que, a diferencia del segundo y tercer caso, el primero en el caso de la eutanasia o terminación intencionada de la vida, han intentado establecer una distinción entre estos casos en términos de resultados directamente intencionados, y de consecuencias previstas, pero no intencionadas. En otras palabras, si un médico prevé que su paciente va a morir a consecuencia de lo que hace el médico, la muerte del paciente es algo sólo previsto y no intencionado directamente. La intención directa es matar el dolor, no al paciente.
Esta distinción entre resultados intencionados y consecuencias ulteriores previstas pero no intencionadas, se formaliza en el argumento del Doble Efecto. Éste enumera una serie de condiciones en las cuales un agente puede «permitir» que tenga lugar una consecuencia (como la muerte de una persona) aunque esa consecuencia no sea intencionada por el agente. Santo Tomás, a quien se atribuye el origen del argumento del doble efecto, aplicó la distinción entre consecuencias directamente intencionadas y meramente previstas a las acciones de autodefensa. Si una persona es víctima de un ataque y mata al agresor, su intención es defenderse, y no matar al agresor.
Eutanasia v/s Suicidio
Se habla de eutanasia como un proceso que hace menos doloroso el proceso de muerte inminente. Es la elección entre morir en un plazo y en condiciones determinadas, y la alternativa de que el proceso de muerte se prolongue en forma impredecible y se acompañe de padecimientos intolerables. El suicidio, en cambio, se plantea como el deseo de extinción en ausencia de muerte inminente porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Este último caso es el que se presenta en personas, por ejemplo drogadictos, indigentes, depresivos, etc., que desean la muerte por motivos primordialmente personales, que se han cansado de vivir y no por motivo de una enfermedad que lleve consigo dolores irresistibles que los conducirán en un futuro cercano a la muerte. También se considera suicidas (individuos que tienen la intención de autoaniquilarse) a personas que tengan un padecimiento psíquico insoportable, que no presentan una enfermedad que les causará la muerte en poco tiempo, que deseen la muerte (o pidan eutanasia) a pesar de que la pidan en forma libre y reiterativa. Aquí radica la diferencia entre un paciente que solicita eutanasia y quien busca satisfacer su deseo de muerte con el suicidio.
Avalando lo anterior, la medicina ha emergido en la posición que todo deseo de autodestrucción es un signo de depresión psíquica y deber ser considerado una manifestación de enfermedad y no como un ejercicio de libertad. El suicida es mentalmente incompetente, es un individuo en citación patológica que debe ser impedido de suicidarse y tratado médicamente.
Suicidio y Asistencia al Suicidio
El suicidio y más aún, la asistencia al suicidio, entendiéndose éste último como el hecho en que el médico pone a disposición del paciente los medios para morir, presentan un tema filosófico fundamental, y se ha revestido de un aura de dramatismo e impacto social que no se ha atenuado con el tiempo. En diversos períodos históricos ha sido proscrito por la ley, negativamente sancionado por la sociedad y condenado por las religiones. La medicina ha debido incorporarlo al arsenal de sus preocupaciones por dos motivos: porque muchos de los suicidas han solicitado ayuda médica para realizar sus propósitos, y porque muchos actos suicidas son detectados a tiempo para un rescate médico, esfuerzos terapéuticos que son discutidos porque recuperan la vida de quien aparentemente ha querido morir.
El suicidio y la asistencia al suicidio han sido rechazados como decisiones atentatorias contra la santidad de la vida, como productos de irracionalismos o como resultado de un estado depresivo patológico. La actitud tolerante frente al suicidio se basa en la libertad de todo ser humano para terminar con su vida cuando prefiere la muerte a un vivir desesperanzado.
Así nos adentramos en un tema más profundo para el ser humano, ¿qué es la vida?, salta a la vista que para cada cual hay un propósito y una misión, y que quizás si ocurriese algo que me impidiese desarrollarme en lo que a mi me da plenitud, la vida dejaría de ser vida y pasaría a ser un calvario. Les dejo un video al final del post en donde el protagonista nos deja una frase para meditar: “Vivir es un derecho y no una obligación”; quizás el día que nos pongamos de acuerdo en lo que realmente significa la vida para todos, y haya un consenso al respecto (cosa que dudo), quizás ese día el tema de La Eutanasia, deje de ser tan controversial.
Hay 4 comentarios en esta publicacion
Entonces la eutanasia indirecta es un poco un eufemismo: porque si bien quieres calmar el dolor, sabes que morirá eventualmente a través de ese tratamiento, lo cual es lo mismo que ocurre cuando tratas a una mujer embarazada y sabes que las medidas terapéuticas de protocolo para ese caso conllevarán a la muerte del feto. Es un resquicio legal muy útil que nos permite ejercer en paz y ‘hacer lo que hay que hacer’, pero no por eso deja de ser un eufemismo.
Argumentos en contra: ¿santidad de la vida? No puedo imaginar a que podría corresponder aquello, no me hace ningún sentido. Supongo que es alguno de nuestros típicos delirios antropocétricos.
¿Qué es la vida? La vida es un contínuo que inició (en nuestro planeta) hace unos 3,8 mil millones de años. Nosotros aparecimos hace unos 200.000 años, o sea hace nada. Nuestro problema es creer que somos, de lo existente, lo único importante, que hay un motivo trascendental detrás de nuestra existencia, un propósito último y una primera causa. Por eso inventamos dioses que nos crearon a su imagen y semejanza, creímos que la tierra era el centro del universo, que los animales fueron creados para ser dominados por nosotros. Somos un producto de la evolucion, la especie dominante en este pequeño espacio temporal de la más reciente historia de nuestro planeta, nada más.
Por supuesto, podemos darle igualmente un sentido a nuestra vida, es lo que el desarrollo de nuestro cerebro nos ha permitido, pero es algo meramente personal, como bien crees, jamás habrá un acuerdo en cuanto a propósitos personales, pero a nivel de especie me parece obvio que no lo hay, aparte de por supuesto mantener viva a la especie.
La eutanasia no debiese ser controversial. Si alguien está muy enfermo y sabe morirá, debiese ser su elección, nosotros sólo intérpretes de ese deseo. Suicidio o no, es algo que le permite eventualmente a esta persona morir de forma digna y de acuerdo a sus deseos, que es, creo, lo que aparece en el título de esta entrada.
Para quienes deseen tener un acercamiento más lúdico con este tema recomiendo “You don’t know Jack” (Al Pacino), película estrenada este año y basada en la historia de Jack Kevorkian, médico norteamericano promotor de la eutanasia.
Es un tema complejo y que con frecuencia suscita reacciones exaltadas.
Mi opinión personal al respecto, es que estamos sujetos a una postura biocentrista/moralista, que nos ha llevado como sociedad a considerar la vida como un bien superior en sí mismo, que debe defenderse a toda costa y cometiendo el craso error de no considerar el detallito ínfimo aquel de la CALIDAD de esa vida.
Para mí la vida no es en sí misma, por el sólo hecho de ser VIDA, un bien superior, porque no se la puede desligar de la calidad asociada. Considero que si una persona no puede moverse, no puede valerse por sí misma, no tiene proyecciones, sufre, etc., y ya no desea seguir adelante , mantenerla viva solamente “porque la vida es linda” o porque “debería agradecer que al menos está vivo/a” es una crueldad suprema.
Saludos
@Andrea:
Me genera una duda lo que planteas. Que pensarias en el de suicidio por Depresión entonces?. En ese caso, la mayoria de las personas no tienen proyecciones, sufren, ya no desean seguir adelante, e inclusive algunas dejan de valerse por si mismas.
En ese caso validas el suicidio?
Es solo una pregunta al vuelo la verdad. Me quedo dando vueltas el comentario.
Complicada tu pregunta.
En principio, aclaro que mi primer comentario iba enfocado al suicio asistido en caso de enfermos terminales y/o casos extremos (po ej. Terri Sciavo) que tienen escasas o nulas proyecciones reales científicas de recuperación. Es en estos casos que considero que mantener a las personas respirando con ayuda de máquinas, solamente “porque están vivas”, es un acto criminal y me indigna el biocentrismo mencionado (o sea, cantidad de vida por sobre calidad de vida).
El suicidio asistido en caso de depresión no lo valido.
SÍ valido (y tengo clarísimo que mi opinión al respecto es altamente impopular y que me expongo a respuestas agresivas, porque ya ha sucedido) el derecho que tiene cada persona a decidir cuándo y cómo se va, independientemente del motivo. Me parece que el suicido, incluso ante una depresión, es una opción válida.
Saludos.