La desidia y otros cuentos

Aquí en Matasandos ya hemos hablado algo de las peligrosas consecuencias que puede traer, la que personalmente creo, es una peste que ha contagiado las últimas generaciones. Desde que entré a la U en menor o mayor medida me he ido preocupando de las cosas que me rodean, y afortunadamente me he topado con gente que le presta atención a las mismas cosas y siente la pulsión interna por modificar su entorno, nada más complejo que lo que hicieron nuestros simioides antepasados.

Lo alarmante del asunto es cuando tienes que reunir a más gente para que se unan al trabajo de modificar el que también es su entorno, y ahí si comienza una epopeya que Homero (no, el amarillo de la Fox no) se hubiera querido para sus poemas.

No soy ni psico-sociólogo para saber, ni pulpo Paul como para adivinar a qué se debe el cambio que creo que como chilenos hemos tenido. Pero no creo pasar por loco al afirmar que la cantidad de gente que simplemente le importa un p….epino lo que sucede a su alrededor ahora más que alarmarme, me descorazona.

Sólo para contextualizar un poco, en Chile, el porcentaje de jóvenes entre 18-29 años inscritos en el padrón electoral, desde el plebiscito del 1988 a las últimas elecciones de presi 2010 cayó desde un 37% a un modesto 9,6% y ejemplos cotidianos no serán difíciles de encontrar al ilustre lector, en el que se evidencie que en terminos generales, los chilenos nos acordamos de Chile para el mundial, la Copa Davis, Teletón o cuando un terremoto de mierda nos vota medio país al suelo.

Ahora, no podemos ignorar que como a muchos, nuestro pasado nos pesa, y es en este sentido que Chile tiene un pasado que marcó a fuego a la generación de muchos de los que son nuestros padres/madres/maestros/profesores/guias-espirituales…etc. Un pasado en el que preocuparse mucho por lo que pasaba al lado, y hacer (o tratar al menos) algo al respecto, era ni más ni menos que premiado con una visita a la capacha, llegando a extremos que todos conocemos. Experiencias como esta se repitieron con cierta sincronía contemporánea en Latino América y como dice Macassi (que sí es psicólogo social), son estas las experiencias que desarticulan el tejido social que le da interoperabilidad a sus distintos componentes y nos lleva a ver patrones sociales similares en varios de nuestros vecinos continentales.

También tenemos al tema que @ccuadradon nos expuso en un articulo “de aquellos” anteriormente, las culturas económicamente y aparentemente desarrolladas de occidente están evolucionando a un estado de aislamiento individualista muy importantes lo que me lleva a pensar que es lógico pensar que en esta corriente, las miradas cada vez se centren en su propio ombligo.

Desgraciadamente, y como ya les adelante, habilidades de molusco clarividente no tengo, me cuesta ver dónde esta la solución a éste problema. Ciertamente siento que en mi función de dirigente estudiantil fracasé muchas veces tratando de despertar en mis compañeros alguna chispa participativa, y finalmente eran los de siempre que se repetían el plato.

No sé qué es lo que ha influido más en mi visión de solución, si el noticiario central del cualquier canal de TV abierta o el cine pos-apocalíptico Hollywoodense pero hasta el momento, las únicas veces que veo a los jóvenes moverse por algo, es cuando simplemente queda la cagada +1, leáse terremoto, situación de pobladores en campamentos o don Francis con lágrimas en los ojos (o quizás fueron todas las anteriores juntas) y eso me lleva a creer que lo que necesitamos para generar ese punto de inflexión en la participación juvenil sea una crisis social tan grande, que nos haga despertar de la desidia.

Fuentes: Las Consecuencias de la Desidia | SERVEL | Sandro Macassi, Participación juvenil en el contexto de recuperación democrática |La nueva ¨Epidemia Social¨: Soledad

Foto: Flickr CC

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