Entre tanto terremoto, el cual tuve la “suerte” de vivir en la casa de mis padres cerca del epicentro en un exquisito remezón de 8,6 en la escala Richter, no se me ocurrió mucho de que poder hablar, hasta que vi una nota en televisión sobre el miedo. Y me dije, porqué no?
En estos días donde muchos en Chile estamos con un pensamiento diario de cuando vendrá la próxima réplica, conocer las bases fisiológicas del miedo quizás sirva para ayudar a aceptarlo de manera sana. Porque, aunque alguna gente crea lo contrario, tener miedo es una reacción natural de nuestro organismo que nos mantiene alerta frente a la existencia de un peligro real, aunque también puede ser imaginario.
Toda esta sensación está regulada por el sistema límbico, pero más especificamente por la estructura conocida como amigdala cerebral, la cual controla nuestras emociones básicas y ubica la fuente del peligro. Cuando se activa se desencadena la sensación de miedo y el cuerpo se prepara para responder de tres maneras posibles, ya sea huyendo, peleando o rindiéndose.
A nivel de nuestro organismo uno siente (y lo digo por la experiencia del 27 de febrero) un aumento del pulso sanguíneo y de la presión arterial (aunque para esta última me la debería haber medido). Además una sequedad tremenda en la boca, y una sensación de descarga adrenalínica que en mi caso me mantuvo despierto y atento pese a solo haber alcanzado a dormir un par de horas antes que la tierra comenzara a temblar.
Pero si nos vamos a los libros descubriremos otras cosas que nos suceden en ese instante de miedo: Aumenta el metabolismo celular, la sangre fluye preferentemente a los músculos mayores, extremidades y torso, preparándose para la respuesta, se agrandan los ojos para mejorar la visión, se dilatan las pupilas y el corazón trabaja a mayor velocidad.
Lo que los profesionales de la salud mental recomiendan a quienes se mantienen con miedo en las zonas afectadas por el terremoto de nuestro país es a dejar fluir libremente la sensación de miedo, a trabajarla y controlarla. De otra manera el miedo natural a eventos como este podría derivar en crisis de pánico.
Así que no debemos avergonzarnos de dar a conocer nuestro temor a lo que sucede actualmente (al mismo terremoto, sus replicas u otras situaciones). Y si es necesario no viene mal la ayuda de un especialista.
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