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enero 25, 2010

Marihuana: Una Segunda Mirada

Autor

Englishman

Ya hace algún tiempo escribí un artículo que hablaba acerca de la marihuana (http://matasanos.org/2009/09/13/alza-las-manos-si-te-gusta-la-marihuana/), y ahora escribo otro, pero con un enfoque absolutamente diferente. No hablaré de los efectos de la marihuana, de la evidencia dispar respecto a los daños que provoca, ni de nada relacionado con la medicina. Esta vez contaré una suerte de anécdota, una experiencia personal que me hizo meditar un buen rato acerca de qué podemos hacer por cambiar las cosas; pues muchas veces podemos hacer poco o nada por cambiar este mundo (al menos ese pensamiento cruzó por mi cabeza con esta experiencia).

¿Madre enferma?

“Por favor deme unas monedas, es que mi madre está enferma de asma y necesito comprarle un salbutamol”, fueron las primeras palabras que escuché de Miguel (lo llamaré así acá, pero no es su nombre real). Es un joven moreno y muy delgado, diría que no sobrepasa el metro setenta de altura, y hay algo extraño en su mirada. Lo primero que pensé fue en desconfiar, pero rápidamente descarté el escenario de un asalto; no vi a nadie más cerca, el lugar no era especialmente peligroso y sinceramente dudaba que él pudiese asaltarme solo.

Le pregunté qué tenía su madre, y para qué quería el dinero. Él se limitó a decirme lo mismo y a agregar que se había acabado el salbutamol y que en el consultorio no tenían. Ya me parecía muy raro todo, por lo que comencé a sospechar lo que descubriría una realidad más tarde. Creí que me pedía monedas para simplemente comprarse un”pito” (cigarrillo de marihuana). Frente a su insistencia y a su cara de aflicción, opté por darle dos o tres monedas de $100, perdía sólo pasaje y medio de locomoción hacia La Serena y aún existía la posibilidad de que él realmente necesitara ese dinero. Apenas se las di, salió corriendo en rauda carrera hacia el sector donde vivo (Guayacán, ciudad de Coquimbo, Chile). Opté por seguirlo en su carrera, de manera algo disimulada y así disipar o comprobar mis sospechas.

Efectivamente llegó hasta una casa en que se sabe que venden drogas, y en su recorrido de vuelta me vio y lo increpé. Después del justificado “reto”, me percaté de que no estaba en el mejor lugar, y era mejor que me fuera a donde vivo antes que otros tipos empezaran a socializar conmigo.

Esa fue la primera vez que vi a Miguel.

Portazo en la cara

La segunda vez que lo vi fue hace un tiempo ya. Yo volvía del gimnasio (sí, trato de estar en forma y volver a tener algún día mi “six pack” de vuelta, pero a este ritmo…) o de la casa de mi polola, no recuerdo bien, y sentí que alguien me silbaba para llamar mi atención y decirme algo. En realidad preferí hacerme el tonto, ya estaba completamente oscuro y no necesitaba hablar con alguien de dudoso aspecto.

Estaba cruzando el umbral de la puerta, que es parte de un gran portón de madera que da a la entrada del lugar donde vivo, cuando sentí que me hablaban de cerca. Ya dentro, miré quién hablaba. Era Miguel, que me decía “No sé si me recuerda…”. Sin pensarlo dos veces le contesté “¡Claro que te recuerdo! Tú me pediste unas monedas diciendo que eran para tu madre, pero era lo que te faltaba para ir a comprarte un pito” y procedí a cerrarle la puerta en la cara.

Después de eso me quedé pensando; en realidad yo no le conocía, en ese momento ni siquiera recordaba su nombre, no sabía si él se enojaría con mi reacción… O sea, digo, no me gustaría encontrarlo enojado con cinco “amigotes” más deseosos de hacerme saber su molestia. Todo eso se me pasó por la mente, mas posteriormente también pensé en que yo había sido “pesado” y obtuso en demasía con aquél tipo, quizás él dentro de todo no se merecía que yo le demostrase así mi molestia.

Después de cavilaciones varias, y ya probablemente cerca de la medianoche, opté por salir a la calle y recorrer algunos sectores de Guayacán en donde pensé que podría encontrarle, quería hablar con él. Una vez afuera me dirigí hacia donde usualmente hay algunos microtraficantes, lugares que evidentemente no frecuento y menos a esas horas, pero nadie había ahí. Decidí seguir adentrándome hacia el corazón de Guayacán, hasta que una mujer se acercó a mí – lo que no dejó de inquietarme un poco – y me preguntó si necesitaba o buscaba algo. Claramente ella se refería a si deseaba yo comprar, probablemente marihuana. Yo le dije, en el peor español que tengo, que en realidad por ahora no, y que sólo estaba buscando al chico en cuestión, pues necesitaba hablar con él. Ella me preguntó si él me había hecho algo (pensando que lo buscaba para arreglar cuentas, quizás), a lo que le respondí que no, que sólo quería hablar con él pues hoy lo había visto pero no había alcanzado a hablarle. Por cierto, yo llevaba una botella de cerveza negra en mi mano – bueno sí, estaba infringiendo la ley al beber alcohol en la vía pública -, y tuve que negarme a la petición de dinero por parte de la mujer, pues llevaba sólo un jeans, un polerón, mis sandalias playeras y las llaves de mi hogar… nada de dinero (ni tampoco otras prendas).

Conversación

Nuevamente en mi hogar, me lamenté el no haber encontrado a Miguel. Pero bueno, tampoco hubiese sido buena idea recorrer todo Guayacán para ver si lo encontraba.

De pronto se me ocurrió mirar por la ventana, y vi a Miguel pasando por la calle. Abrí la ventana y le grité que me esperara abajo, que iba de inmediato. Procedí a sacar un par de botellas de cerveza (ciertamente que todas mis menciones a botellas de cerveza negra, se refieren a esas botella de 330 cc).

Una vez abajo le pasé una de las botellas mientras le hacía un ademán de invitación a beber una cerveza conmigo, caminamos hacia las escaleras de la Iglesia de Guayacán unos cuantos metros, donde nos sentamos a beber y a intercambiar algunas lacónicas palabras.

Le pregunté cómo era que se llamaba, pues hasta ese momento yo no recordaba el nombre de Miguel, y le dije que no había sido mi intención ser “descortés” con él, simplemente había tenido un mal día y estaba de mal humor. El simplemente asintió, con la misma expresión que utiliza para todo.

Le pregunte qué edad tenía, si estaba cursando algún tipo de estudios, con quiénes vivía y, en general, todo lo que me pudiese servir para hacerme una idea de quién era Miguel. Así fue que supe que aún le faltaba cursar dos años para terminar el colegio, era un caso más de deserción escolar; él vive con su madre y con un hermano mayor, al parecer la historia familiar es algo complicada y él no tiene relación con su padre; Miguel tiene alrededor de 18 años de edad. Él no pretende seguir estudiando después de terminar el colegio, si es que lo termina, sólo desea seguir trabajando en la caleta de Guayacán y eventualmente encontrar un mejor trabajo.

En lo que a la marihuana respecta, es un asiduo consumidor desde hace años. Por supuesto que él dice que no consume tanto, sólo unos 3 pitos por semana. Mas yo diría que su actitud, su ansiedad constante, su mirada perdida y su costumbre de pedir dinero lo delatan.

Una botella de cerveza no dura tanto, y un hombre lacónico y sin gran interés en conversar no es un buen interlocutor. No pude saber mucho más de Miguel en aquella ocasión. Sin embargo, hice todo lo posible por darle algunos consejos. Le dije que sería bueno que termine el colegio, pues hoy en día es lo mínimo que se necesita para trabajar, no como antes que no era tan necesario y era suficiente con terminar octavo básico. Le sugerí que dejara de quemar su dinero, pues mensualmente probablemente gastaba una buena suma de dinero en marihuana, además la marihuana hace mal y en general las adicciones no son buenas. Le dije muchas más cosas, pero siempre su expresión fue la misma y tengo la impresión de que mis palabras se las llevó el viento, y de que Miguel no tuvo ninguna intención de escucharme.

Terminamos de conversar y él se marchó, vi su escuálida figura alejarse caminando. Sentí que de nada servía la conversación que tuve con él, pero espero que al menos lo haya hecho considerar algunas situaciones. Yo me devolví a mi hogar, con dos botellas vacías que posteriormente irían a parar al reciclaje (trato de reciclar todo lo posible).

Ahora, tiempo después, me pregunto ¿cuántas personas estarán atrapadas en diversas adicciones, tanto a drogas legales como ilegales?, ¿cuántos de ellos vivirán en precarias condiciones, las cuales se tornan aún más precarias con estas adicciones?, ¿porqué diablos no existe la voluntad política para tomar medidas importantes en contra de las drogas legales, las cuales causan mayores estragos que las drogas ilegales?, ¿qué rayos puedo hacer yo por ayudar a tipos como Miguel?, ¿qué rayos puedo hacer por cambiar el mundo, tal como lo deseaba cuando niño?

Sinceramente espero que Miguel, dentro de su vida de necesidades y ansiedad, dentro de su precaria educación y sus nulas aspiraciones, dentro de esa maldita adicción a la marihuana y a quizás qué más, logre encontrar un camino que lo saque de ese mundo y le de una mejor opción de vida. También espero poder hacer más en el futuro, y no sólo entregar palabras que serán llevadas por el viento.

No son éstas grandes reflexiones, tampoco son experiencias demasiado elaboradas o dignas de ser analizadas en profundidad, mas espero que los lectores puedan sacar algo en limpio de este artículo y al menos les deje una pequeña reflexión.

Saludos,

Englishman.


Hay 8 comentarios en esta publicacion

8 Respuestas a “Marihuana: Una Segunda Mirada”

  1. Orejon dice:

    en realidad miguel se puede ir al carajo con todos los adictos a cualquier cosa que no sea oxigeno y agua como todos los seres humanos, al final quienes estan metidos en esa basura no tienen respeto por su propia existencia y si se murieran mejor, más aire para el resto.

  2. Karen Niedmann dice:

    Atroz encuentro el comentario de “Orejon”, no estoy para nada de acuerdo con las adicciones pero logro entender un poco a la gente que esta metida en esto, mucho vienen de situaciones marginales, hogares completamente desconstituidos… Muchos buscan una via de escape y erroneamente caen en este tipo de cosas, obviamente hay de todo, algunos es por gusto y otros como acabo de decir para evadir las realidades en las cuales viven.

    Creo que en vez de empujarlos mas abajo, hay que buscar soluciones efectivas para crear instituciones donde realmente niños como miguel puedan ser ayudados a motivarse y ser mejores personas, pero para eso hay que cambiar muchas cosas.

    Saludos Englishman, muy interesante el tema. Suerte con el six pack jaja

  3. Englishman dice:

    Cielos!!

    De verdad dan ganas de eliminar el comentario de Orejón, quién además parece ser adicto al agua y al oxígeno…

    Bueno, son las personas como él quienes me hacen pensar que tenemos que tratar de cambiar este mundo.

    Orejón, te sugiero que te esfuerces por ser capaz de mirar las cosas desde un punto de vista más completo, desde otros puntos de vista; trata de ver más allá de tu propia nariz (lo que para mi es un desafío importante…”érase un hombre a una nariz pegado”)

    Saludos a todos, y esperemos que Orejón termine pensando diferente y deje de tener la malsana intención de que los adictos mueran.

    Saludos,

    Englishman.

  4. [...] This post was mentioned on Twitter by matasanos and Luis Avila, Christian von M…. Christian von M… said: RT @matasanos: Matasanos: Marihuana: Una Segunda Mirada http://matasanos.org/2010/01/25/marihuana-una-segunda-mirada/ [...]

  5. palomo dice:

    yo estube atrapado varios años en lo mismo y creanme las razones que me llevaron fueron muy subliminales y solo necesitas un poco de eso tan intimo que se da solo en un buen hogar, parese cursi pero se llama amor.
    Siento pena por ellos y me pongo en su lugar, en el lugar de alguien que ha visto en esto su escape porque no sabe o no entiende que hay cosas realmente mejores. Muchos solo necesitan orientacion o la voz de un padre o madre que ya no esta.

  6. lilian anay sanchez valencia dice:

    yo kiero darles un consejo a las personas drogadictas”tomen conciencia de lo k hacen y piensen en sus familias,en sus hijos si es k tienen para k puedan tener un buen hogar y para k sean personas sanas.
    saludos
    con kariño
    anaithaxx

  7. sonia dice:

    lilian que una`persona sea adicta no significa que no puedan tener un buen hogar.orejon es un enfermo, me da lastima

  8. allies dice:

    Yo sinceramente veo que el problema más leve que tiene ese tal Miguel es el fumar marihuana, nadie se arruina la vida por tal motivo.
    Como dices será un joven problemático de clase baja.

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