Viene de la primera parte: Calidad administrativa: ¿mejor gestión o aumento del presupuesto público en salud? – Parte II: Eficiencia, eficacia, efectividad y calidad
La etimología de esta palabra proviene del latín efficientia que en castellano quiere decir acción, fuerza, producción, en otras palabras, siempre habla de algo que debe hacerse o realizarse para lograr nuestra meta, por las razones expuestas anteriormente, considero que este es el punto más importante a tratar cuando hablamos de lograr impacto en la población.
Es de suponer que si en esta relación el numerador corresponde a un output (salida) y el denominador a un input (entrada) y al mismo tiempo la eficacia hace alusión sólo a la salida sin considerar la entrada, debe existir algún término que relacione ambos. Es así que damos con un nuevo concepto, efectividad, que representa el mejor equilibrio entre la eficacia y eficiencia, para esto Stephen Covey se basó en la fábula de La gallina de los huevos de oro de Esopo, haciendo la analogía de los huevos de oro con la producción y la gallina con la capacidad que tiene de producirlos.
Para ejemplificar consideraremos el querer matar una mosca, matarla con un cañonazo es eficaz (dudo mucho que la mosca sobreviva a tal impacto), mas no eficiente puesto que para lograrlo utilizamos recursos desmesuradamente. Por otra parte, utilizar un matamoscas para acabar con la vida de la pobre mosca en cuestión no es sólo eficaz (un certero swing y puedo asegurar que el insecto no sobrevivirá para contarlo), sino además eficiente.
En principio puede parecer absurdo hablar de efectividad pues pareciera que ya la eficiencia indica la maximización de las ganancias con la menor utilización de insumos y/o recursos (incluyendo capital humano). Sin embargo, en salud necesitamos enfocarnos además de lograr la meta, cómo lo hacemos.
Volvamos a nuestro díptero; puede que aún más simple ( y estético) que andar corriendo con un matamoscas detrás de la mosca sea el utilizar un aerosol, será más caro que un matamoscas por supuesto, pero para el ejemplo supondremos que si comparamos la cantidad de horas-hombre necesarias para matar una mosca versus el costo de aerosol será menor. Perfecto, ahora con el spray podemos matar moscas sin parecer locos, nos vemos mejor y nos demoramos menos tiempo. Como además el gasto de recursos es menor podríamos decir con bastante propiedad que sería un método más eficiente. Si tuviéramos una mentalidad comercial del asunto, podríamos conformarnos con esto, pero ¿qué pasa con el daño al ambiente que producen los CFC del aerosol? (no, yo no creo que “no daña la capa de ozono”) ¿qué pasa si alguien es alérgico a algún componente? ¿qué pasa si el olor que deja le desagrada a alguien?.
Aunque en la fórmula matemática siga apareciendo que es efectivo, claramente hay razones -difíciles de evaluar de forma cuantitativa, pero no menos importantes- por las que a la hora de aplicar nuestra solución al problema le tendremos que dar más de alguna vuelta. Aquí es donde el fenómeno relativamente nuevo de calidad en salud toma importancia.
Antes de comenzar a hablar de un término específico como lo es calidad en salud, usualmente es bueno entender primero la generalidad, es decir, qué es calidad.
La calidad es de esos términos que todos entendemos a qué se refiere, pero es sumamente difícil dar con una definición. Por esto mismo sumado a que cada uno tiene una concepción distinta de lo que es calidad, mi primer acercamiento al término es definirlo como un concepto subjetivo.
Lo segundo que llama la atención es que es una propiedad inherente. Ya sea de un proceso, objeto, o lo que sea, y por ende, permite compararla con otro de su misma naturaleza, generalmente, pero no limitado para hablar de lo “mejor” o “peor” frente a la primera.
Como la calidad finalmente sólo tiene sentido para alguien que puede evaluarla tendríamos que decir que siempre responde a una necesidad y sumado al punto anterior, lo bien que satisface esa necesidad.
Cuarto, dado que puede aplicarse a distintos ámbitos, es necesario definir siempre el contexto primero en el que se está considerando, por ejemplo, los parámetros que un cliente espera es distinto en el oficina de correos, un notario o en salud.
Con estos cuatro acercamientos al concepto: subjetivo, propiedad inherente, responde a una necesidad y debe ser contextualizada, ya podríamos desarrollar una definición:
“La calidad es la valoración subjetiva del conjunto de propiedades inherentes a un objeto; para satisfacer con excelencia las necesidades y/o requisitos del «cliente», previamente definidas y contextualizadas, del producto, servicio y/o proceso.”
Si luego hablamos de calidad en salud podemos leer varias definiciones como la del Dr. Avedis Donabedian el año 1984:
“Proporcionar al paciente el máximo y más completo bienestar, después de haber considerado el balance de las ganancias y pérdidas esperadas, que acompañan el proceso de atención en todas sus partes. Esta calidad recoge el pensamiento técnico de quienes la aplican (médicos, enfermeras, administradores) con su cosmovisión y formación académica.”
O la de los Drs. M.I Roemer y C. Montoya Aguilar de la OMS cuatro años después:
“Es el desempeño apropiado (acorde con las normas) de las intervenciones que se saben son seguras, que la sociedad en cuestión puede costear y que tiene la capacidad de producir un impacto, sobre la mortalidad, la morbilidad, la incapacidad y la desnutrición.”
O la del Dr. Jaime Otero que es la que considero más completa y que más se aproxima a la desarrollada:
“Calidad, la totalidad de funciones, características (ausencia de deficiencias de un bien o servicio) o comportamientos de un bien producido o de un servicio prestado, que les hace capaces de satisfacer las necesidades de los consumidores. Se trata de un concepto subjetivo dado que cada individuo puede tener su propia apreciación o su particular juicio de valor acerca del producto o servicio en cuestión.”
En fin, las definiciones son múltiples, lo que nos lleva a la obvia conclusión de que si hay muchas definiciones, ninguna es correcta en su totalidad. De cualquier forma hay cierto acuerdo al hablar de calidad en salud sobre tres dimensiones: la tecno-científica, la humana y la administrativa.
Continúa en la tercera parte que hablo sobre las tres dimensiones.
Fotos:
Interesante los dos artículos.
Creo que es muy necesario que los médicos comencemos a actuar de acuerdo a criterios de efectividad, eficiencia y equidad. Lo bueno es que de a poco estos conceptos se están integrando al profesionalismo médico.
Respecto a lo del aerosol, el problema del daño ambiental se acerca más al concepto de externalidades negativas.
Saludos!
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