Título original: The Man who Mistook his Wife for a Hat and Other Clinical Tales
Año: 1985 (mi versión en inglés)
Traductor al español: José Manuel Álvarez Flórez
Revisión científica de la traducción: Dr. F. Sabanés Magriñá
Esta obra no es una novela, sino una recopilación de casos clínicos que el neurólogo Oliver Sacks trató entre los años 60 y la primera mitad de los 80. Lo que la hace especial –además de lo interesante de los casos– es la forma en la que se presentan los casos y a los pacientes, con una narración casi de cuento y una calidez que es imposible no sentir. Esto fue una decisión consciente del propio Sacks, quien consideraba que:
“En un historial clínico riguroso no hay “sujeto”; los historiales clínicos modernos aluden al sujeto con una frase rápida (“hembra albina trisómica de 21″), que podría aplicarse igual a una rata que a un ser humano. Para situar de nuevo en el centro al sujeto (el ser humano que se aflige y que lucha y padece) hemos de profundizar en un historial clínico hasta hacerlo narración o cuento; sólo así tendremos un “quién” además de un “qué”, un individuo real, un paciente, en relación con la enfermedad… en relación con el reconocimiento médico físico.” [el énfasis es mío]
El libro, que he leído ya otras dos veces, se divide en cuatro partes: “Pérdidas”, “Excesos”, “Arrebatos” y “El mundo de los simples”. En esta ocasión, hablaré de la sección “Pérdidas” y dejaré las otras tres para después, a fin de (intentar) hacerle justicia (bueeeno… además reconozco que no he tenido todo el tiempo que quisiera para releerlo completo).
“Pérdidas” narra las historias de pacientes con síndromes del hemisferio derecho que afectan su “yo”, la noción del “sí mismo”: agnosias particulares y extremas que evocan un cuento de Cortázar, Síndrome de Korsakov, afasias, pérdida de la propriocepción, entre otras. Algunas historias son tremendamente conmovedoras; otras, además de peculiares, me parecieron hasta un tanto anecdóticas, como “¡Vista a la derecha!” (recomiendo el capítulo “El discurso del presidente”, considerando que estamos en época de elecciones).
Los dos casos que más me impactaron fueron el de la mujer “desencarnada”, que me pareció particularmente escalofriante (¿cómo imaginar qué se siente tener que tomar conciencia de todos y cada uno de nuestros movimientos, partiendo por los más cotidianos y nimios que damos por sentado, para poder funcionar con un atisbo de normalidad?); y la historia del marinero con Síndrome de Korsakov extremo, que me resultó particularmente conmovedora.
La sección se resume con la (fuertísima) reflexión de Oliver Sacks sobre la historia del “marinero perdido”:
“(Si un hombre ha perdido una pierna o un ojo, sabe que ha perdido una pierna o un ojo; pero si ha perdido el yo, si se ha perdido a sí mismo, no puede saberlo, porque no está allí ya para saberlo.)”
¿Pueden imaginarlo?
—–
Publicado también en Trad. y Pals.
Pobre Doctor P. Este es un relato de culto para quienes gustamos de los temas neurológicos. Cuando alguien desea saber como sería un paciente con una agnosia visual esta lectura es una recomendación de perogrullo. Está muy bien relatado, y es apto para cualquier tipo de público. Buen aporte
Vota por un buen comentario:
1
0