Malas noticias: Alguien tiene que hacerlo

Malas noticias: Alguien tiene que hacerlo

Dar y recibir malas noticias es parte inseparable de la vida. Existen de toda magnitud, y a ninguno nos han enseñado a enfrentar estas situaciones (como tantas otras, que se aprenden en el camino).

Las malas noticias adquieren un enfoque diferente en medicina, donde de partida se contextualizan dentro de la relación médico-paciente, y en un área donde quienes la ejercen están para “ayudar a las personas”, para “salvar vidas”, percibido así tanto por los pacientes como por los mismo médicos, y por lo tanto el enfrentarse a sucesos indeseados puede ser bastante frustrante (sin tomar en cuenta lo que significa para el paciente, el más afectado).

El 2007 se realizó un estudio donde participaron 33 médicos de 2 hospitales de Santiago-Chile. Al hablar sobre el tema de las malas noticias, concordaron en que existen 4 tipos de malas noticias:

  1. Eventos inesperados (trauma)
  2. Complicaciones en enfermedades benignas.
  3. Enfermedades de curso crónico o invalidantes.
  4. Enfermedades terminales.

De estos, son especialmente complicados los casos donde la mala noticia no es predecible, o se generan situaciones inesperadas; “En patologías benignas se producen malas noticias y son peores, son más mal aceptadas”

Otro resultado interesante de este estudio es el cómo los médicos comunican las malas noticias. Lo cierto es que cada uno ha llegado a desarrollar su estrategia basada en la experiencia. Al respecto se distinguen las siguientes:

  1. Dar la noticia de a poco: Desde el contexto general de la patología, hasta la situación particular del paciente. Para algunos implica un particular cuidado en lo que se dice, nunca usar palabras directas (ej. nunca decir “ud. tiene cáncer”).
  2. Dar la noticia de manera directa: Además implica el uso de un lenguaje claro, a fin de evitar malos entendidos.
  3. Peores escenarios: Consiste en ofrecer al paciente el peor escenario posible de modo que cualquier información posterior sea mejor o esperable.
  4. Informar lo que se pregunta: Se pretende respetar el derecho del paciente a no ser informado.

Dentro de los aspectos facilitadores de la comunicación destacaron:

  1. Toma de decisiones compartidas.
  2. Siempre hay algo que hacer: Resulta dramático para los pacientes y sus familias escuchar “no hay nada más que hacer”.
  3. Empatía, confianza y contacto permanente.

Respecto a las barreras de la comunicación se mencionan: el tiempo, lugar, lenguaje (los pacientes pueden entender, o querer entender de manera errónea), expectativas de los pacientes, nivel cultural, creencias religiosas y condiciones del sistema (pensar que un paciente se pude morir esperando por determinado recurso).

De lo anterior podemos concluir que los involucrados comprenden la importancia del tema, aun cuando no siempre los métodos nos parezcan los más adecuados. A pesar de lo bien intencionados que pretendamos ser, si no actuamos de la manera apropiada, podemos contribuir a empeorar la situación. Ante esto, surgen preguntas sobre lo que los pacientes quieren del médico al recibir una mala noticia, entendiendo la variabilidad que existe entre cada paciente. También surge la duda respecto a si existe una forma estandarizada de proceder, un algoritmo, o los 10 pasos mágicos para transformar la buena intención en una buena acción. Increíblemente esto existe, y el tener este esquema mental servirá bastante a la hora de dar malas noticias, considerando siempre que nada es absoluto en medicina, como muchos se encargan de pregonar, y que debe primar el criterio.

El siguiente es el denominado “Protocolo de R. Buckman. EPICEE”, revisado de manera general, donde destaca:

Entorno: contexto y escuchar al paciente.

Percepción del paciente sobre su condición médica.

Invitación del paciente a recibir información.

Conocimiento: entrega de información al paciente

Exploración de emociones y empatía.

Estrategia y conclusiones.

Las malas noticias, pesar de lo difícil que resultan, son algo con lo que nos enfrentaremos siempre. Lo importante es hacerlo de la mejor manera, y teniendo en cuenta finalmente si la forma en que las comunicamos es la manera en que nos gustaría que nos las comunicaran a nosotros.

Espero dejar la motivación en quienes lean este artículo a investigar sobre el tema, a observar a sus docentes, y mantener siempre la preocupación por hacerlo de la mejor manera. Además invitar a que escriban sus experiencias, y cómo perciben ustedes que el paciente recibe mejor las malas noticias.

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Comunicación de malas noticias en medicina: un estudio exploratorio. ML Bascuñán, A Roizblatt, D Roizblatt. REV MED UNIV NAVARRA/VOL 51, Nº 2, 2007, 28-31


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