La Elite Intelectual del País (Parte III)

Acaba este nimio análisis de aquello que a mi juicio se corresponde con una leve brisa de los yerros de nuestra carrera. Debo reconocer que me agradó mucho lo escrito en las partes anteriores y de verdad se me hizo placentero el llevarlo a buen puerto. Pero como todo final, este ha de ser explosivo, concluyente, y todo el tipo de ideas que se nos vienen a la cabeza al final de una película o en el corolario de un buen libro. Sin embargo, hoy estoy escaso de ideas.

¿Cómo podré dar a entender mi idea de que cuanto mas inmersos estamos en la Medicina, mas cercanos a entender que implica y fomentar su desarrollo en otras áreas nos encontramos? ¿Acaso la serie de palabras a ratos inconexas que planteé en cada párrafo corre la suerte de ser simplemente las ideas disgregadas de alguien que no halla lugar? ¿Acaso podré seguir planteando aquel compromiso social que desde la más pura infancia me llevo a seguir esta doctrina? Me niego a creer que necesariamente debamos caer dentro de la maquinaria social que por estos días gobierna de manera impúdica el devenir humano. Hoy no me interesa destruir, sino más bien crear.

En las partes anteriores de este blog, me dedique afanosamente exhaustivamente a mostrar falencias medulares de nuestra educación. Claro, el hablar con tanta ligereza de temas que a muchos competen seguramente me hace blanco de puteadas frases como: “este hueón no se aburre de hablar hueas” o alguna otra frase de mayor elaboración y contenido viperino. La verdad es que poco me interesa el desarrollo de tales ideas pululando en el encéfalo de la gente. La evidencia hoy por hoy nos enseña que si bien nuestro desarrollo académico sigue incompleto, pareciera que nuestra calidad humana sigue el mismo derrotero, e incluso me arriesgo a decir que mayormente deficiente.

De nuestras bocas no salen mas que expresiones de desden hacia nuestros compañeros, nos referimos en vulgares términos a la señora obesa o al vago de la esquina. Sumemos eso a la vergonzosa ortografía, los certificados médicos de dudosa credibilidad y un sinfín de temas que quedaron fuera, y tenemos una ecuación que difícilmente se acerca a nuestro ideal como profesionales. Vuelvo a insistir, y no es por ser grave, pero para poder actuar con real libertad se requiere criterio, y antes que ello, humildad. Humildad hueón, grábatelo en la cabeza por que quizás sea una de las cosas mas importantes que hayas de aprender.

Ahora que finalizo esta trilogía, vuelve a mi cabeza el concepto que a futuro practicaremos una mala medicina. ¿Y en la actualidad no es así también acaso? La medicina actual basa su poder resolutivo en un sinfín de burocráticas acciones a modo de seguir parámetros que nacieron bajo 4 paredes. Tampoco es el tema en cuestión el discutir eso. El punto al que voy es que si hemos de cumplir con aquello que alguna vez planteamos para nuestro futuro, debemos hacerlo ahora que somos jóvenes y ágiles.  Vuelvo a preguntarme: ¿Somos capaces de mirarnos a un espejo y decir si hemos de actuar de manera prudente? ¿Es acaso el estudio de la Medicina la panacea del éxito? Si he de responder, que se tomen en cuenta mis opiniones anteriores. Las Universidades solo se encargan de generar profesionales, las personas han de fomentar su calidad humana de manera autodidacta. Ser médico, futuros colegas, es nada más que la suma de esto.


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