
Ha pasado un tiempo desde que escribiera sobre este mismo tema, haciendo una breve alusión a aquello que bautice como “síndrome de malaescritura”. Y durante ese periodo, continué con este sucinto análisis sobre los grandes yerros que se corresponden con nuestra educación basal, su componente académico y la infinidad de tonteras que se nos vienen a la cabeza en cuanto hablamos de nuestras cualidades intelectuales, como si fuera nuestro IQ una linda carta de presentación, y la serie de discusiones que llevamos la mano que saca la cartita de un bolsillo oculto en lo mas profundo de nuestros trajes de seda.
La verdad vuelvo a poner en entredicho todo esto. El haberme referido anteriormente a la Ortografía y ver las grandes deficiencias que en un ámbito tan medular como este poseemos, hace que a cada minuto nazca en mi un recelo fundamentadísimo sobre las atribuciones que nos da el desarrollo de nuestro arte en virtud de saciar las carencias del prójimo. ¿Y en verdad este ente universitario sería capaz de ejercer bajo los establecidos parámetros ético-morales que implica el llevar un oficio de tal responsabilidad social?
En primera instancia, quiero hacer hincapié en un tema que a muchos les es conocido y sin embargo se convierte en práctica asidua de muchos de los profesionales y futuros médicos del país. Hablo de las licencias médicas. Si, ese mismo papelito mágico que mas de algún lector habrá utilizado para zafar de alguna compleja evaluación, o bien justificar una serie de inasistencias que no obedecían a enfermedad, o bien porque simplemente las vacaciones se habían hecho insuficientes y era menester extenderlas un poco mas.
Justamente para nosotros que estudiamos arduamente, se nos hace pan de cada día el juntarnos con algún amigote de antaño que al vernos nos dijera: “este compadre estudia medicina, el me va a pasar certificados”. A modo personal, siempre he tendido a responder con una negativa ante tan apresurada petición, yo mismo jamás he requerido de un certificado ilegitimo en toda mi vida, y pretendo jamás hacerlo. Pero vemos que entre nuestros compañeritos la situación no es así. Más aun, las mismas Escuelas de Medicina del país, que se corresponden con los organismos reguladores de tales documentos, hacen la vista gorda y aprueban cualquier tipo de papelito mientras haya algún galeno dibujando una mosquita en el.
En consecuencia, el discurso entre mis futuros colegas dista de guiarse por la probidad, dado que el grueso de los estudiantes asume la entrega de certificados como: “si me parece justo, doy uno”. ¿Y bajo que parámetros evaluar lo justo? ¿Por el criterio de un gil que no le ha ganado a nadie y cree que esta apoyando alguna noble causa? ¿Por qué el primo flojo que es incapaz de levantarse temprano te explica que le haces un bien? ¿Por qué el pobre diablo que te lo pidió lo necesita para faltar a un examen para el cual no termino de estudiar toda la materia? Si eso es justo, me declaro insano en este mismo minuto.
Definamos ciertos puntos. Los estamentos en toda institución son claros: Las inasistencias se justifican. Ya vemos que nadie es muy amigo de tales practicas, y prefieren maniobrar al filo de la legalidad, porque siendo honestos, además de ver que somos un país de ignorantes con una pésima ortografía, ¿ahora también hemos de cargar con el tilde de ser flojos?
Momento, he de excusarme. No quise referirme en tan duros términos a toda la población. Me consta que también existe gente sacrificada y de valores que dista de acercarse a los adjetivos previamente mencionados, por lo que omitiré más comentarios subjetivos. A lo que quería llegar es a que me parece insólito que alguien crea poseer el criterio para definir en que circunstancias entregar una licencia (fomentando la holgazanería, dicho sea de paso), o bien se tenga la firme convicción de que un medico puede convertirse en la panacea del ausentismo laboral y/o académico dado el inmensurable poder que le entrega el plantar su rúbrica en una hojita que de legal solo tiene el tamaño. Mas aun, muchos pese a conocer estos argumentos siguen creyendo fehacientemente que la entrega de documentos legales de carácter medico pueden ser entregados a fin de justificar inasistencias. Claro, es cierto que la ley nos otorga cierta facultad como esa, pero esa facultad ha de ser justificada, y vemos que la justificación de la misma carece fundamento.
La verdad me consta que para aquellos que validan estas prácticas lo más probable es que mis palabras valgan un comino. No pretendo de paso ser un estandarte de buena praxis ni nada semejante, sino el ser prudente y consistente con el propio discurso que he llevado siempre, y de paso, relucir un poco las gruesas deficiencias humanas que existen en nuestra carrera. Cierto pensador alemán alguna vez dijo que en la autodestrucción estaba la clave de la iluminación. Si bien no busco la luz, el ejercicio de nuestro arte y su estudio analítico por sobre todo me hace creer que ejercemos una mala medicina, carente de valores o bien del discurso que se planteara sobre ella en sus orígenes. En el siguiente boletín volveremos a tomar nuevas aristas de nuestra sobrevalorada carrera, a fin de si efectivamente podemos mirarnos al espejo y decir con propiedad si hemos de ejercer de manera prudente y procurar aliviar el dolor del prójimo por sobre nuestro ego y creencias particulares.