La Elite Intelectual del País (Parte I)

Más de alguna vez nos habrá pasado que nuestros padres o alguna tía con olor a naftalina (de esas que te pellizcan los mofletes en cada visita), hayan ensalzado nuestras gloriosas virtudes de pertenecer a una de las carreras de mayor demanda y prestigio social. De otra forma, pudimos tal vez ver como se le daba reconocimiento en demasía al protagonista de El Quiebreespejos tras su ingreso a tan prestigiosa y filantrópica área de estudio. Pero aun sin estas experiencias, todos hemos visto como los mismos pacientes dejan ceder su mente ante las más tergiversadas historias de nuestras propias bocas, y mientras avanzamos a lo largo de la carrera, nuestra sapiencia ha de convertirse en la mas límpida fuente de conocimiento y veracidad para el futuro deleite de nuestros pacientes y la admiración de aquellos niños que nos apuntaran con el dedo diciendo: “mira mamá, ahí va un doctor”, tras lo cual su madre lo aliente a seguir los pasos de tan distinguido y bien portado caballero (o señorita, que no se me llame sexista).

Analizaremos esa perorata que espero no me haya creído nadie, ya que yo tampoco la creí y mucho menos tras definir el tema a discutir. La Ortografía. Vaya, la confusión me acaba de lanzar un suave anzuelo que mordí puerilmente. Lo que en principio parecía una nota sobre el prestigio de nuestro arte, ahora salta cual estimulo nervioso por una neurona mielinica hasta el difuso y enmarañado mundo del encéfalo ortográfico. ¿Y que tiene que ver una con la otra?

Si bien es bastante discutible el hecho de si el medico debiera o no ser un elemento representativo de cultura y demases, la ortografía pasa por el simple hecho de que se corresponde con nuestra carta de presentación al momento de ir rebotando por la vida. Así, debiera por ende ser una practica de asociación Pavloviana dentro de nuestras costumbres, algo que practicáramos sin requerir mucha sinapsis y que consignara que nuestro paso por el colegio nos dejo siquiera alguna cuota de vergüenza académica.

Pero la realidad usualmente hace oídos sordos ante tal afirmación. Lo que vemos todos los días en vez de diáfanas y níveas páginas de apuntes en nuestros cuadernos, o bien fichas clínicas con anamnesis de notable construcción semántica, son una infinidad de aberraciones u deformaciones grotescas del lenguaje que hablamos desde hace años, día a día, minuto a minuto. Esta situación no es endémica de los alumnos de Medicina de 1º a 7º, sino que también lo podemos ver en los propios médicos que nos educan o atienden, las autoridades academicas, los ilustres pilares de las Universidades mas prestigiosas del país, los medios de comunicación, el vocero del Gobierno y el presidente del partido opositor, nuestro vecino del negocio que vende “amburgesas”, el primito de 3 años que raya nuestros libros, en fin, si bien la situación se da en todas partes, es precisamente dentro de nuestro núcleo donde la evidencia supera lo habitual.

Yo me pregunto constantemente, y no a expensas de esta nota, el porque nuestra ortografía ha de ser tan mala. Y digo “mala” dado que utilizar otro sinónimo como pésimo, vergonzoso, deplorable, patético o algún símil, puede terminar por ofuscar a alguien y que responda a tal acusación como: “puta, que habla hueas este ahueonao”.

Pero ya que no quiero ser un hueón moralista ni pseudo-canuto, daré uno que otro ejemplo para ver si por lo menos de la jocosidad logro que alguien se sonroje al escribir cualquier tipo de violación al lenguaje. Aprovechando el impulso de mi análisis, revise durante mi estadía en sala la ficha de un paciente, y la evolución acuñaba términos como: “orina escaza, síndrome de condenzación, la paciente se atorava”. Me consta que mas de alguien que esté leyendo esto desconoce las alteraciones al lenguaje mencionadas, así que les recomiendo a los aludidos el ir a investigarlo, aprenderlo y usarlo adecuadamente para no ir dando vergüenza ni entregando la oportunidad de una corrección absolutamente evitable (como futuros médicos debiéramos prevenir, incorporarlo no esta de mas).

Pero escribir de manera tan elocuente, procurar ser sucinto y claro, y al mismo tiempo tratar que el contenido no termine siendo tan difícil de deglutir, no se me ha hecho sencillo. Mas aun considero que el tema en cuestión no pertenece a una tediosa pesquisa de haraganes o ignorancia ilustrada, sino más bien un llamado de atención a tener conciencia de la extensión de nuestros actos. Si bien toda esta aburrida charla termina siendo una nimiedad, habrá en vuestros horizontes algún desalmado como yo que hará burla de sus falencias, cosa que de hecho realizo con cierta frecuencia, así como uno que otro que vera verdaderas ofensas al lenguaje ante semejante barbarie. Dado que el tema no toma tintes oscuros solo en nuestra carrera, sino que en todos nuestros coetáneos a lo largo del país, dejaremos que una nueva nota en la próxima parte nos hable sobre las repercusiones de este “síndrome de malaescritura” que se pasea sin el más mínimo pudor por los hemisferios de nuestra generación, de manera de examinar lo mas invasivamente posible el prestigio, atribuciones y consideraciones de una carrera que de elite solo tiene la historia y una jerga incomprensible para los mortales.


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10 Responses to “La Elite Intelectual del País (Parte I)”

  1. Naldo dice:

    Idem, odio cuando veo esas aberraciones al lenguaje en los papeles incluidos en la ficha médica, así como en las presentaciones de los doctores, en apuntes, etc. Lo malo es que no sé que se puede hacer al respecto a estas alturas, ya que eso debió aprenderse en los primeros años de nuestra educación.

    En fin, lean más y punto.

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  2. Altazor dice:

    En efecto, querido compañero, es dificil hacer algo al respecto sobre esta materia, ya que son vicios que se cultivan desde la infancia, mas aun cuando muchas personas con pesima ortografia incluso se vanaglorian de su ignorancia, al punto que he oido respuestas descabelladas del tipo: “bah, da lo mismo, si igual puedo escribir la huea bien”.

    C’est la vie, como se dice. Por mi parte, jamas voy a dejar la tarea de otorgar una justa correccion a las palabras, en cierta forma refleja cuan pulcros y comprometidos nos hallamos con nuestras causas. Saludos.

    P.D: Ruego encarecidamente se disculpe la ausencia de acentos, mi teclado se desconfiguro.

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  3. Reinaldante dice:

    De tildes, no de acentos. Tengo entendido que todas las palabras tienen acento, pero el tilde sólo va en algunas.

    Chuchúspalo :) .

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  4. rosa dice:

    naldo tiene razón y son tildes. Se pusieron estrictos, apoyo la ortografía como saben, pero no le pongamos jaja
    chaito :)

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  5. artangelo dice:

    Si, le pusieron mucho.
    se llaman tildes, todas las palabras estan acentuadas, pero es ponerle mucho.

    salu2

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  6. Altazor dice:

    Jajaja, en efecto le pusieron color xD!

    Hoy estando en una clase de Gine-Obs, en varias diapos del profe que dictaba la clase se veia la palabra “coneccion”. Como digo, nunca faltan…

    Saludos!

    P.D: Estoy en el mismo PC que mencione antes, por lo que vuelvo a pedir que se excuse la ausencia de “tildes” xD!

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  7. mario riega dice:

    Hola amigos!
    Es verdad, no hay ortografía, como tampoco gramática y menos semántica (van en orden de déficit), en las personas chilenas.
    A mi parecer es producto de la tecnología (ahora mismo corrijo las faltas automáticamente).
    No se como se podría mejorar. Es signo de desarrollo?, cultura? o al contrario?
    Como aparte, el ambiente de la pagina parece más sitio de motel moderno que blog de matasanos, jaja.
    Una vez mas un saludo buena onda ;)

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  8. [...] nos referimos en vulgares términos a la señora obesa o al vago de la esquina. Sumemos eso a la vergonzosa ortografía, los certificados médicos de dudosa credibilidad y un sinfín de temas que quedaron fuera, y [...]

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  9. SBG dice:

    Aunque no comparto todo lo que se dice, es un gran “post”. ¡Partamos por mejorar la ortografía en este blog!.

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  10. Dr. Blood dice:

    De hecho basta con escuchar a los colegas hablando acerca de “sindrómes” en vez de síndromes, o de “neumónia” al referirse a la neumonía. Si ni siquiera hablan bien, menos les puedes pedir que escriban bien.

    Saludos sangrientos

    Blood

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