No es mucho lo que puedo ilustrar en estos instantes, mas aun teniendo en cuenta que mi proceso formativo continua incompleto. Pero si puedo hablar con la autoridad de haber completado ciertos ciclos, desde los cuales intentare plasmar con una u otra palabra sobre mis nuevas concepciones sobre este andar que hoy llamamos estudiar para ser médicos y mañana ejercer como tales.
Considero con ciertas pruebas fehacientes que la formación del medico actualmente atraviesa por días difíciles. Del otrora personaje comprensivo y humilde que se desviviera por el auxilio al prójimo, hoy vemos un ente carente de actitud, devorado por la maquinaria burocrática de la medicina actual y curiosamente de justificada impericia. ¿Acaso deseamos eso en nuestro andar académico? Muchos continúan limpiándose la boca con el discurso que se mantiene la actitud desprendida y manifiesta en la ayuda al prójimo. Pero en tanto nos acercamos a este, nos abandonamos a nosotros mismos. Al minuto que nos acercamos a cinco, dejamos un sexto afuera. ¿No es acaso ese lejano tan participe de nuestro sentimiento que hemos de mantenerlo apartado?
Primeramente, y como construcción propia para cada uno de nosotros, hemos de construir en nosotros mismos una base sólida de principios. Hoy solo me queda agregar, con la precaria tribuna que se me otorga, que procuremos dar nuestro amor al lejano, mas no al prójimo. Podremos encontrar en ello una justificación de nuestros actos aun mas digna, así terminaremos por amar también nuestros preceptos.